No es casualidad que políticos de ambos signos y en general todo tipo de personajes interesados en defender la virtud, la bondad y la integridad de sus proclamas, y en vilipendiar y escarnecer las de sus rivales u oponentes, extremen su discurso precisamente llevando al extremo los argumentos del contrario.
La supuesta derecha extrema o la para algunos izquierda radical, en mi opinión, comparten espacio político en los aledaños del centro y han de hacerse sitio a codazos llevando al extremo las razones de sus oponentes (eso si hay suerte de que las escuchen).
No es que no haya diferencias, que las hay –y así debe ser-, pero sí ocurre que las posiciones se enconan en gran medida debido a los intereses e incluso a las emociones, no permitiendo un examen racional y desafecto del problema. Si el debate se establece en términos de todo o nada no hay posibilidad alguna de consenso. Haríamos bien en hacer que la búsqueda del término medio (y para cada uno el medio puede estar en un sitio) conduzca el debate.
En próximas entradas iré dando algunos ejemplos en los que considero que un examen racional nos haría ver que el consenso podría no estar tan lejano como algunos nos quieren hacer ver. A ver si os convenzo...
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