Los hechos:
En este momento, y lo digo por experiencia, necesitamos inmigración para cubrir los puestos de trabajo (cualificados o no cualificados) que los nacidos en España no somos capaces de cubrir (sí, incluso con la deceleración, recesión, crisis o como le queramos llamar).
Por otro lado, la inmigración descontrolada genera bolsas de pobreza, ghetos, mafias, alienación, xenofobia y finalmente, sí, porqué no decirlo, es así, delincuencia. Si tenemos la conciencia tranquila, no se tiene porqué tener miedo a decir las cosas claras. Es fácil caer en clichés estúpidos sobre racismo en el sentido de tachar de racista a todo aquel que exige tomar medidas contra la inmigración descontrolada (aunque obviamente lo hay, y mucho, no es racismo todo lo que reluce). Los inmigrantes delinquen más que los Españoles… y nosotros haríamos lo mismo si fuéramos ellos. No es que el hecho de no ser español te empuje a la delincuencia, es que la pobreza, sobre todo cuando se la hace convivir con la abundancia, genera frustración, alineación y delincuencia (en general cualquier desequilibrio flagrante va a generar esos mismos sentimientos y esas mismas consecuencias -entre otros ejemplos, los desequilibrios culturales o religiosos pueden terminar generando graves conflictos).
La posición en que (creo) se puede llegar a un acuerdo:
- Control y ordenación de la inmigración. Sin esto el corto plazo generará tensiones y conflictos de orden creciente en magnitud.
- Una política clara y decidida de apoyo a los países de origen. No ya acuerdos de repatriación, sino planes de apoyo (a corto) y de desarrollo (a medio y largo) para el tercer mundo pagados (y vigilados, las mafias actúan, ya se sabe) por los países del primer mundo. Sin explotación y sin interés. Si no somos capaces de que los miles de millones de personas que habitamos el planeta lo hagamos en condiciones razonables, estaremos abocados al desastre. Es inviable que 2/3 de la población mundial pase hambre. Este desequilibrio terminará por desquiciarnos (a unos y a otros) y finalmente, si no hacemos nada, por exterminarnos.
Una última reflexión. No se puede ser hipócrita o inconsciente. Si para reparar este desequilibrio hemos de ser más austeros; si hemos de renunciar a parte de nuestro bienestar para dotar de fondos el desarrollo del tercer mundo, habrá que hacerlo... habría que hacerlo. Obviamente, no soy tan ingenuo como para pensar que vayamos a renunciar a nada. Sé perfectamente que es fácil hacer una declaración de intenciones solidaria; sé, que mientras nos encontremos en el terreno de los buenos propósitos, será fácil ser generoso...
... pero lo mío, lo mío, que no me lo toquen....
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