Yo a nuestros dirigentes les recomendaría una relación causal. Sí, sí, causal. Quizás algunos hayan tenido relaciones casuales; la mayoría han tenido relaciones con consecuencias y con las consecuencias; pero mi recomendación es que deberían empezar a intimar con las causas. Las consecuencias son más importantes, pero las causas son más, mucho más interesantes.
Para poder actuar sobre las causas se necesita captar información y tener y utilizar cierta capacidad analítica. Actuar sobre las causas obliga a plantear situaciones, imaginar escenarios, descartar opciones; implica ser capaz de realizar predicciones, de asignar probabilidades, de extraer conclusiones... Actuar sobre las causas, en definitiva, exige aplicar capacidad de razonamiento, inteligencia, ... exige pensar; y eso es algo que nuestros dirigentes no tienen la costumbre de hacer.
Porque actuar sobre las causas, además de mucho más interesante, es mucho más arriesgado. Ellos prefieren actuar sobre seguro, dejarse llevar por las modas, no errar. En el mejor caso, tomar medidas superficiales, aplicar tratamientos conservadores, utilizar cirugías no intrusivas. En el peor, tomar medidas de cara a la galería, aplicar tratamientos de curandero, utilizar cirugías estériles e incluso realizar sangrías y trepanaciones públicas ante el aplauso y el clamor popular. Sin embargo, en los más de los casos, prefieren simplemente hacer oídos sordos, mirar hacia otro lado y esperar a que lleguen las consecuencias.
"Las consecuencias se pueden mitigar, pero las causas se pueden atajar". Mejor nos iría a todos si nuestros dirigentes se ocuparan en buscar este tipo de relaciones causales ... y si no saben o no quieren, al menos que establezcan relaciones casuales, que se dejen llevar, que se enamoren, que esbocen una sonrisa (pero no la de estreñimiento que tan impudicamente muestran ante las cámaras), que sean generosos con sus oponentes y que, en definitiva, nos dejen trabajar en paz a los demás y contribuir al bienestar (físico, mental y económico) de la sociedad.
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