viernes, 4 de abril de 2008

¿Qué si no? Cambio climático

Analicemos el ¿supuesto? cambio climático.
Acaso no se podría alcanzar un consenso en que es posible (incluso quizás probable) que estemos inmersos en un cambio climático (en realidad siempre hemos estado inmersos en un cambio climático, pero entendamos por cambio un “cambio rápido” –más rápido que en los últimos, pongamos, 2000 años) y que es posible (quizás incluso probable) que la mano del hombre tenga algo que ver con dicho cambio.
Teniendo en cuenta la trascendencia de un hecho tal, con independencia de que el cambio tenga una mayor o menor probabilidad de ocurrir o de que los indicios (o pruebas), sean más o menos refutables, el impacto sería de tal magnitud que la humanidad no puede permanecer impasible ante semejante posibilidad.
Negar la posibilidad de que estemos alterando el clima del planeta se me antoja absurdo, pero anunciarlo como inminente tampoco me parece mucha mejor opción. Al Gore, con su mensaje de desastre inminente, y lo que es peor, irrefutable (quizás como reacción a la radicalidad de los que niegan el cambio climático) ha creado una corriente de opinión concienciada y quizás incluso dispuesta, y eso es muy bueno. Pero, ¿qué ocurrirá si entramos en un periodo de lluvias durante los próximos 4 años? ¿acaso la teoría del “no pasa nada” no ganará adeptos? ¿no puede ser que nos volvamos más insensibles a la acción del hombre sobre el planeta?
Seamos un poco más modestos, tratemos a la sociedad de manera adulta, expliquemos lo que sabemos (con certeza) y lo que creemos saber, hagamos pública nuestra ignorancia en muchos campos, y aterrémonos ante la posibilidad cierta de que estemos alterando significativamente el clima de nuestro planeta. Creo que no somos conscientes de las consecuencias. Como siempre nos hemos preocupado más en discutir si son galgos o son podencos.

El término medio

No es casualidad que políticos de ambos signos y en general todo tipo de personajes interesados en defender la virtud, la bondad y la integridad de sus proclamas, y en vilipendiar y escarnecer las de sus rivales u oponentes, extremen su discurso precisamente llevando al extremo los argumentos del contrario.
La supuesta derecha extrema o la para algunos izquierda radical, en mi opinión, comparten espacio político en los aledaños del centro y han de hacerse sitio a codazos llevando al extremo las razones de sus oponentes (eso si hay suerte de que las escuchen).
No es que no haya diferencias, que las hay –y así debe ser-, pero sí ocurre que las posiciones se enconan en gran medida debido a los intereses e incluso a las emociones, no permitiendo un examen racional y desafecto del problema. Si el debate se establece en términos de todo o nada no hay posibilidad alguna de consenso. Haríamos bien en hacer que la búsqueda del término medio (y para cada uno el medio puede estar en un sitio) conduzca el debate.
En próximas entradas iré dando algunos ejemplos en los que considero que un examen racional nos haría ver que el consenso podría no estar tan lejano como algunos nos quieren hacer ver. A ver si os convenzo...

martes, 1 de abril de 2008

La primera entrada

Heme aquí. Después de mucho pensarlo, decido escribir mi blog y no sé bien qué poner ni por dónde empezar.



Lo primero que pienso es que me da un poco de vergüenza. Lo segundo es que lo necesito. Lo tercero es que es para mí.

No me da vergüenza compartir mis ideas, sino pensar que quizás a alguien le puedan interesar.

Pecado de soberbia. ¿Necesidad de reconocimiento? ¿Arrogancia? ¿Por qué alguien va a querer leerlo?

En algún sitio he leído que el orgullo, la soberbia, la búsqueda de la gloria, en definitiva, es el pecado de las almas nobles, pero yo no estoy seguro. Para variar. Ni de que eso sea así, ni de tener un alma noble. Pero sigo adelante.

Lo necesito. Lo necesito porque necesito contar y contarme lo que pienso del mundo. Necesito expresar mi punto de vista ecléctico, iconoclasta, escéptico, atónito.

Lo hago por y para mí. Lo necesito yo. Quiero pensar eso para evitar sentirme ridiculamente arrogante. No lo hago por la gente que me pueda leer, sino para quitarme de encima el polvo que políticos, gobernantes, medios de comunicación y sociedad en general echan sobre mi antigua visión optimista e idealista -ingenua dirían algunos-del mundo y de los humanos.

Entonces, no lo hago por influir, ¿no? No es mi objetivo influir, pero no lo puedo evitar. Como observador, hace casi un siglo un tal Heisenberg nos lo hizo ver, ya ejerzo influencia sobre lo observado. Al escribir el blog se me podría plantear un problema de conciencia, puesto que incremento mi influencia sobre el experimento del mundo. ¿Poco? ¿Nada? No hay de qué preocuparse, yo soy parte del mundo, yo soy parte de lo observado, yo también pertenezco al experimento.

En fin, que un nuevo observador anónimo y atónito ha decidido dejar sus crónicas para la posteridad. Veremos hasta cuándo dura mi empeño...