viernes, 11 de abril de 2008

Una nueva sociedad I. Tiempos de crisis

Es posible que la sociedad actual esté en crisis. No la crisis económica (coyuntural espero) que se nos ha echado encima, no. Está en crisis, si lo está, el sistema en su conjunto, el modelo de sociedad tal como lo concebimos, el "modo de vida occidental" (permítaseme el término), e incluso quizá la vida humana "civilizada".

Dejenme que les muestre algunos indicios que apuntan en esta dirección:
  1. Hacemos un uso abusivo de los recursos naturales. Expoliamos y explotamos hasta el límite recursos que nos pertenecen tanto a nosotros como a generaciones futuras.
  2. Nosotros somos la "presión selectiva". Cambiamos bosques por monocultivos (a veces de cemento), costas vírgenes por hoteles y puertos deportivos, humedales y reservas de la biosfera por ... (no, me niego a hablar de campos de golf, está demasiado politizado), ...alterando todo tipo de ecosistemas y poniendo contra las cuerdas a miles de especies animales y vegetales, de manera que algunos ya consideran que estamos asistiendo a la ¿sexta? gran extinción.
  3. Basuras, desperdicios, residuos y todo tipo de contaminación en general anega nuestras tierras... y satura nuestros mares.
  4. La historia nos demuestra que la especie humana siente una avidez desmedida por atesorar más posesiones mostrando una incontinencia atávica por la acumulación de riqueza y poder.

El probable cambio climático, la reducción drástica de la biodiversidad, el índice de natalidad descontrolado, el desarrollo (inevitable y deseable, pero aterrador desde el punto de vista de los efectos sobre el planeta) de los países del tercer mundo, las evidencias en esta dirección son muchas y de muy diversa índole.

Me atrevería a decir que nos hemos convertido, como especie, en una especie de plaga para el planeta y ya sabemos qué se suele hacer con las plagas. Pero lo malo no son sólo los efectos de nuestras acciones, sino que éstas parecen provenir de alguna tendencia congénita, de algún gen maligno que nos hace comportarnos tal que así:

  1. Dejamos morir de hambre a nuestros propios semejantes cuando no somos aún más proactivos en la innoble tarea de acabar con vidas humanas.
  2. Somos insolidarios y egoistas, nos preocupa únicamente nuestro propio bienestar y aludimos a todo tipo de razones de justicia social siempre que la justicia que defendamos sea la nuestra.
  3. Hacemos prevalecer nuestros intereses particulares por encima de los generales y ni siquiera las más nobles almas, cuando actúan como colectivo, desarrollan sus ideas por encima de sus intereses. Ideales e intereses: En cuanto ambos conceptos entran en conflicto, priman los segundos.
  4. En general destruimos todo aquello que nos hace bien y no parecemos venir de serie con ningún tipo de conciencia colectiva que nos prevenga contra la autodestrucción.

Con este panorama, no sería de extrañar que nuestra querida y traicionada Gaia (aunque creo recordar que era más correcto llamarla Gea) tomara medidas contra aquellos que la están saqueando, contra la plaga que la está asolando.

De momento, hay indicios de que pueda haber dicho basta, de que haya empezado a tomar medidas contra esa molesta, intolerante y destructiva especie que es el hombre. Aunque quizás aún estemos a tiempo de convencerla de que podemos cambiar... si es que realmente podemos.

jueves, 10 de abril de 2008

Radical

No es lo mismo. Y aunque no es lo mismo, se suele confundir.
La radicalidad radica tanto en mantener una postura radical como en defender radicalmente una postura... pero conviene indicar el tipo de radicalidad del que estamos hablando.
Una postura radical se puede defender razonablemente, y del mismo modo, una postura razonable se puede defender radicalmente.
De las dos, la peor es la segunda. Cualquier cosa pasa a ser razonable, si lo que se esgrimen son argumentos y la fuerza que se utiliza es la de la razón. Por contra si se esgrimen insultos o descalificaciones, o en el peor caso, si la fuerza que se utiliza es la de las armas, hasta el planteamiento más moderado se convierte en radical.
No podemos dejar que la emotividad nos llene de razón. El corazón sí tiene razones que la razón no entiende, pero cuando discutimos (en serio) de fútbol, de religión o de política, no hay que dejar que el corazón nuble a la razón.... Hay que ser radical en la aplicación de este principio (y ya hablaré de -mis- contradicciones en otra entrada ;-).