Miren, además de individualista y contradictorio (algo que quizás a estas alturas ya habrán notado), además de entusiasta y escéptico, también soy ecléctico y miscelaneo. Y aunque soy una persona de ideas, me convencen (o no) las personas, los argumentos que utilizan y el modo en que lo hacen.
Todo esto hace que tienda a hacer de abogado del diablo y a que participe y discrepe de las posiciones de casi cualquiera, pero que, en general, sea capaz de ver algo de verdad en una exposición mesurada y bien argumentada (si no en el momento más acalorado del debate, sí al menos cuando medito el contenido del mismo).
Hablábamos en la entrada anterior de que quizás nuestro planeta esté en suspensión de pagos, y de que, por tanto, quizas debamos efectuar cambios drásticos a nuestro modelo de sociedad. Yo, siendo fiel a mi forma de ser, participaría; participaría y discreparía, como no, pero en cualquier caso entendería como muy positiva una iniciativa política que defendiera un nuevo modelo de sociedad.
Una sociedad más solidaria, más comprensiva, más indulgente, más tolerante. Una sociedad que impulsara modelos radicalmente más sostenibles, modos de vida más austeros, comportamientos más frugales, sociedades, en definitiva, en las que la convivencia y la armonía con el medio ambiente y con la naturaleza fueran un elemento clave.
Algunos me podrán decir que algunos partidos a la izquierda del PSOE están en esta onda y participan de estas ideas. Pero no, no me valen. Yo estoy hablando de un partido moderno y de una nueva sociedad, y no de una vuelta a la sociedad del S XIX con inserciones ecologistas. Mientras estos partidos integren en su lenguaje (y en sus políticas) clichés arcaicos de los tiempos de la lucha de clases, mientras piensen en términos de una bipolaridad que no existe ya realmente, no podrán abrirse de verdad a nuevos modelos de sociedad. Sus ideas, que como modelo de sociedad ya fracasaron en el siglo XX, simplemente no encajan en la sociedad del SXXI (y no, el PSOE tampoco vale, ya que tanto PSOE como PP no hacen apuestas rupturistas sino continuistas. Sus modelos de sociedad no son radicalmente distintos a los actuales).
En cualquier caso, si finalmente nuestro modelo capitalista-social-liberal no funciona, si nuestro "estado del bienestar" no aguanta, si nuestras tímidas medidas por la sostenibilidad fracasan, si, en definitiva, el sistema se derrumba porque nuestra madre tierra no da más de sí, me gustaría tener otros modelos de los que echar mano. Y esos modelos están por desarrollar.
Por mi parte, desde mi perspectiva de clase media, según mi visión centrista algo liberal y muy "social" del mundo, de momento seguiré confiando en que nuestro modelo no está agotado; que lo podemos hacer convivir con la naturaleza; que no pasa nada si sigo usando mi moto o incluso si cojo un avión para irme de viaje; que puedo comprarme ropa que no necesito pero que me queda bien; que con reciclar, no tirar basura al monte, ser austero en el consumo de agua y alguna medida más que no me moleste mucho ya es bastante; que con todo esto, en resumen, estoy contribuyendo con lo necesario para que el modelo sea sostenible.
El problema...es que no estoy seguro. ¿aguantará la tierra la presión a la que la estamos sometiendo? ¿modificaremos lo suficiente nuestros comportamientos agresivos con ella? No, no estoy seguro en absoluto. Mejor vamos pensando una alternativa.
Soy vago. Es uno de mis rasgos característicos. No vago, vago, pero sí lo suficientemente vago como para molestarme en cambiar algunos detalles. Como el título del blog. No es bueno. Yo no soy cronista. Yo no sé contar lo que pasa. Ni siquiera sé interpretarlo. Estoy seguro porque si mis interpretaciones fueran buenas, el mundo estaría loco, la sociedad perdida y mis conciudadanos ciegos.
jueves, 17 de abril de 2008
Prohibido
Yo lo entiendo. Lo entiendo pero no lo comparto.
Entiendo cómo hemos llegado a esta situación. No comparto la resignación con la que aceptamos vivir en una sociedad en cierto modo constreñida.
Entiendo que no quedan muchas alternativas a la imposición de normas cada vez más restrictivas para garantizar la convivencia en una sociedad "masiva". No comparto el uso indiscriminado, no comparto lo fácil que hacemos efectivo el término prohibido.
Entiendo que hay que sancionar al infractor. No comparto que cualquier cosa sea infracción, que desde que salimos de casa nos veamos obligados a vivir en una infracción continua. No comparto que se pueda elegir a quién, cuándo y porqué se sanciona.
Entiendo que a veces el único mensaje que llega es el drástico, el radical. No comparto que nos cuenten medias verdades y que nos traten como a niños.
Entiendo que en ocasiones las únicas medidas efectivas son las cohercitivas, las punitivas. No comparto el escaso uso que se hace de la fuerza de los argumentos, de impartir una buena explicación, de proporcionar (in)formación.
No me gusta el término prohibido. Me gusta más recomendado.
Entiendo cómo hemos llegado a esta situación. No comparto la resignación con la que aceptamos vivir en una sociedad en cierto modo constreñida.
Entiendo que no quedan muchas alternativas a la imposición de normas cada vez más restrictivas para garantizar la convivencia en una sociedad "masiva". No comparto el uso indiscriminado, no comparto lo fácil que hacemos efectivo el término prohibido.
Entiendo que hay que sancionar al infractor. No comparto que cualquier cosa sea infracción, que desde que salimos de casa nos veamos obligados a vivir en una infracción continua. No comparto que se pueda elegir a quién, cuándo y porqué se sanciona.
Entiendo que a veces el único mensaje que llega es el drástico, el radical. No comparto que nos cuenten medias verdades y que nos traten como a niños.
Entiendo que en ocasiones las únicas medidas efectivas son las cohercitivas, las punitivas. No comparto el escaso uso que se hace de la fuerza de los argumentos, de impartir una buena explicación, de proporcionar (in)formación.
No me gusta el término prohibido. Me gusta más recomendado.
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