lunes, 19 de octubre de 2009

Uno más

Sabes reconocer la verdad... Cuando te la muestran.
Ves la luz... Si te dicen dónde está.
Tienes chispa, talento... Una vez cada 10 años.
Reconoces el genio... Pero desde luego no en ti.

... Ni yo en mí. Estoy tan lejos... y tan cerca...

Tan lejos de ser realmente bueno en algo.
Tan cerca de la mediocridad.
Tan lejos de ver realizados mis sueños.
Tan cerca de convertirme en uno más.


...Uno más en la media.

¿Qué me queda?

Superarme. Ese es el reto.
Ser mejor cada día. Ese el objetivo.
Ser yo. Por y para mí.

Quedo yo.

sábado, 4 de julio de 2009

Montaigne

De vez en cuando lees algo sobre alguien con el que inmediatamente te sientes identificado. Alguien que te hace renovar tu fe en la raza humana. Esta sensación es tanto más intensa cuanto más alejado está ese personaje de tu tiempo, de tu época. Es extraña la sensación que provoca encontrase con que hace 2.500 años los antiguos griegos ya tenían una visión del mundo individualista, escéptica, crítica, atónita.


No sé ni dónde ni cuándo me tropecé con Michel de Montaigne. Y tampoco sé porqué me impacto tanto. No he leído mucho y lo que he leído ni siquiera me parece estéticamente brillante, pero hay algo en sus escritos... algo que... no sé. Casi mejor que explicarlo prefiero poneros un texto suyo y que lo veáis por vosotros mismos. Michel de Montaigne:

Estamos completamente locos: "Se ha pasado la vida ocioso" decimos; "no he hecho nada hoy". ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Esa es no sólo la fundamental sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. "Si me hubieran colocado en posición de manejar asuntos importantes, habría demostrado lo que puedo hacer" ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Ya habéis manejado el asunto más importante de todos.
Para mostrarse y lucirse, la naturaleza no necesita para nada de la fortuna; se muestra en todos los niveles tanto delante como detrás del telón. Nuestro deber es componer nuestra conducta, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad en nuestro proceder. Nuestra mayor y más gloriosa obra de arte es vivir como nos corresponde. Todo lo demás, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho.
Es absoluta perfección y casi divino saber gozar lealmente del propio ser. Buscamos otras cualidades por no saber usar las nuestras y nos salimos de nosotros mismos por no saber estar dentro. Y en vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues hasta con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas. Y en el trono más elevado del mundo seguiremos estando sentados sobre nuestras posaderas.

Michel de Montaigne...un librepensador.

jueves, 25 de junio de 2009

Librepensador

No sé cómo me ha venido a la mente esta palabra. Una palabra que llevo sin oir desde que estaba en el instituto. Supongo que no está de moda. Ni la palabra ni el significado que encierra.


En realidad lo que no sé es porqué no me ha venido antes a la mente, con tanto como he defendido el escepticismo, la racionalidad, la individualidad y el espíritu crítico.


No sé cómo ni porqué, pero bienvenida sea. De nuevo.


Cuántas cosas serían mejores si una epidemia de librepensamiento recorriera la tierra asolando ideas preconcebidas, aniquilando dogmatismos, liberando a las neuronas de su confinamiento ideológico.

Lo curioso es que soy un pésimo librepensador. Yo también soy cautivo de mis prejuicios, prisionero de mis decisiones, esclavo de mis miedos... un digno representante de mis traumas.

Quizás el único cautiverio que no he sufrido sea el de los ideales. Siempre han sido mis ideas, no mis ideales las que han dirigido mi conducta. Eso no quiere decir que sea razón pura, que yo no tenga ética ni moral; ni que éstas no afecten a mi comportamiento. Pero no cabe duda, soy más de ideas que de ideologías.

sábado, 23 de mayo de 2009

Momentos

El alma humana está hecha de pedazos de tiempo.

Polvo de vivencias que forjará cómo somos.

Momentos que por algún motivo deciden aferrarse a nuestra vida.

Son los momentos que recordamos; los que nos atormentan, los que nos hacen sonreir, los que nos acompañarán por siempre... allá donde vayamos.

A veces los hacemos nuestros y perfilan nuestro carácter. En esos casos, no sólo nos acompañan, sino que nos muestran el camino, e incluso dan sentido a la vida.

Pero otras veces nos hacen suyos, de algún modo consiguen apoderarse de nuestra alma. y desde allí aniquilan nuestro ser. Algunos nos parasitan convirtiéndonos en seres débiles, frágiles, sin salud. Otros son vampiros que se alimentan de nuestro aliento vital, haciéndonos perder el ánimo. Otros son rabia pura que nos devora lentamente desde las entrañas. Otros enturbian nuestra visión del mundo y nublan nuestro juicio, anulando nuestra capacidad de raciocinio y haciéndonos impermeables a nuevas ideas. Algunos, únicamente (como si esto fuera poco) aniquilan nuestra capacidad de compasión y nos impiden conectar con los más débiles, con los que sufren. Otros, simplemente, nos obligan a olvidar.

No siempre estos idola son intrínsecamente abominables. En la mayoría de casos, una predisposición en nuestro carácter o un momento de debilidad los predispone en nuestra contra, y los hace más y más fuertes. Pero son esos mismos idola los que, bien integrados en nuestro carácter, nos harán más fuertes y quizás, incluso, mejores personas.

Momentos buenos y malos, momentos con los que hay que aprender a convivir. Son nuestros momentos. Es nuestra vida,... y no se puede desperdiciar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

No me juzguéis

No me juzguéis por vuestros pecados
No me condenéis por no ser como vosotros
No me castiguéis por no ser lo que esperabais.

No me juzguéis por cómo creéis que soy
No me condenéis porque no os gusta mi aspecto
No me castiguéis porque no me entendáis.

No me juzguéis por lo que no he dicho
No me condenéis por tener razón
No me castiguéis por estar equivocado.

No me juzguéis.

Y si lo hacéis...
Juzgadme por mis palabras y mis silencios.
Condenadme si no uso la razón
Castigadme si no soy fiel a mí mismo.
Hacedlo. Yo ya lo hago.

sábado, 18 de abril de 2009

Que sais-je?

Admiro y compadezco a la gente que cree que sabe; yo no sé si sé. Ni siquiera sé si sabría saber.

Resulta tranquilizador tener convicciones; estar seguro de las cosas importantes, sentir que se pisa terreno firme. Yo sólo tengo fe en mi propio juicio, en mi propia razón; sólo estoy convencido de que lo que entendemos por verdad está teñido de prejuicios; sólo siento que el suelo bajo mis pies se quiebra cada vez que intento construir una teoría o afianzar una verdad.

A la gente le gusta que le digan cómo son las cosas, que le den interpretaciones, que le expliquen la lección. A mí me gusta descubrír cómo son las cosas, encontrar la interpretación correcta (o al menos la menos mala), y poner en duda tanto opiniones como lecciones magistrales.

La sociedad, para cubrir esa demanda de verdad enlatada, crea expertos, tertulianos, generadores de opinión, gurús, predicadores, falsos ídolos (los de Bacon y los de la caja tonta) e incluso blogeros.

No en vano, la gente quiere saber si mañana va a llover o no, si la bolsa va a subir o a bajar, si el aceite es bueno o malo para el colesterol; la gente necesita que su gurú de cabecera salga en la tele para contarle la receta para salir de la crisis.

No importa que el hecho de que los factores que no controlamos para predecir el tiempo a más de un día vista se coman la certidumbre. No importa que, por definición, los sistemas complejos sean impredecibles. La gente quiere una predicción. La gente quiere seguridad, aunque ésta sea falsa.
Yo sobreviví a las arenas movedizas primero de la religión, y luego de la ciencia (Popper, Godel, Heisenberg) , aprendí a superar la desazón que supone darse cuenta que aquello en lo que crees, aquello que quieres creer, no está sustentado en argumentos o que éstos no son tan sólidos como solías creer, aprendí a a vivir en la incertidumbre, aprendí a aprecir la duda y convivir con ella.

Desde luego eso no me hace más feliz, tampoco me hace mejor persona, y ni siquiera creo que me haga estar más cerca de la verdad. Pero yo soy así: ecléctico, escéptico y crítico. Soy así, no lo puedo evitar.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cemento y agua

Ya he hablado en este blog sobre el modo en que las posturas se enconan y las diferencias (muchas veces pequeñas) y los prejuicios (sobre la "otra parte" y sobre el tema a tratar), pesan mucho más que los puntos de acuerdo (casi siempre, si se piensa friamente, mayoritarios). Claro, se ha de tener en cuenta que además de los prejuicios y los intereses, en estas cuestiones afectan otras fuerzas: Las políticas.

A los políticos les interesa que existan estos desencuentros, pero a los ciudadanos y a la sociedad..... uhmm... no estoy muy seguro. Para Marx la lucha entre opuestos hace avanzar el mundo, pero, si esto es así, a mí no me gusta cómo se plantea la discusión.

En cualquier caso, sea como sea, en esta entrada voy a aplicar mi teoría del consenso básico a la política hídrica. Sé que esto puede ser más complicado, porque parto de la base de que las personas somos básicamente egoístas y que nuestro lado emocional (influido por nuestras situación en el mundo y por nuestras experiencias pasadas) trasciende nuestro lado racional y bloquea el consenso. Aún así, voy a intentarlo.

Mis premisas son que los recursos han de ser compartidos y que el ecosistema original ha de ser respetado y en la medida de lo posible, preservado.

Aceptando esas dos ¿simples? premisas, mi modesto razonamiento llega a las siguientes conclusiones:

1) La conexión de las cuencas, los "canales" son básicamente positivos porque no afectan al ecosistema original significativamente y permiten compartir si hay necesidad.

2) Los transvases, los traspasos de un determinado caudal de una cuenca a otra, han de ser estudiados en cada caso en concreto e implican hacer un estudio tanto de las necesidades en destino como de las condiciones en origen (caudal ecológico, planes de desarrollo local, etc); y por supuesto, sobre el impacto de la ejecución del propio proyecto.

Claro, muy en relación con esto nos encontramos con el asunto inmobiliario, los intereses de unos pocos y los prejuicios de todos.

Por mi parte pienso que si los europeos quieren jugar al golf a media tarde cuando vuelven de tomar el sol en nuestras playas, es interesante que busquemos la manera de hacerlo, pero sólo si no impactamos significativamente en el medio ambiente.

Seguro que ya hay muchas zonas saturadas urbanísticamente, y desde luego todos conocemos parajes que deben preservarse inalterados, pero en otros muchos casos, quizás un proyecto urbanístico pueda encajar en el medio natural. Pero claro, si construimos sin considerar la disponibilidad de los recursos necesarios (agua, luz, escuelas, jardines, accesos, espacios deportivos,…), luego nos encontramos con la desagradable sorpresa de que la única manera de conseguirlos es exprimir más el medio ambiente.

¿Pero eso quiere decir que si los recursos no están allí no debemos llevar a cabo el proyecto? Y en el caso concreto del agua, ¿Quiere decir que no se puede traer el agua de una cuenca con excedentes? En mi opinión, siempre que consideremos el proyecto en su versión "extendida" (es decir, considerando no sólo el proyecto en sí mismo sino también los proyectos necesarios para hacer llegar allí los recursos necesarios) y que una parte de la riqueza que genere el proyecto (pongamos que consiste en contruir un campo de golf) repercuta en las poblaciones afectadas (por ejemplo en la cuenca cedente que podría cobrar el agua a precio de oro), el proyecto debe ponerse en consideración.

Y si nos ponemos a pensar en lugar de a pelearnos, quizás se pueda utilizar algún componente sintético en lugar de césped y nos ahorramos la tan codiciada agua (seguro que los amantes del golf dejan de leer en este punto, pero yo no veo porqué no, para mí el cesped artificial aplicado al fútbol ha sido un gran invento -sobre todo comparado con los patatales en los que jugábamos cuando jóvenes).

En definitiva, hay que conectar cuencas, hay que instalar estaciones desalinizadoras, hay que estudiar cada transvase y sobre todo, sobre todo, hay que ahorrar recursos. También hídricos. Resulta muy dudoso que el planeta pueda soportar nuestro desenfrenado ritmo de vida.

jueves, 12 de febrero de 2009

Mus

- ¡Mus! - dijo el mentalista.
- Pero si tú no sabes jugar al mus.
- ¿Y qué?, tampoco soy mentalista.
- Claro, y yo no soy la pantera rosa - dijo un bicho escuálido de color rosa.
- Vale, pues entonces Mus - dijo el mentalista.
- ¡¡Remus!! - dijo el bicho.
- Es un farol
- ¿Eso no es en el poker?
- Sea como sea, es un farol.
- Claro, claro, como el señor es mentalista....- dijo el bicho echando las cartas sobre la mesa. Y concluyó - Recuérdame que no vuelva a jugar al parchís contigo.
- No te preocupes, con la camisa de fuerza no te podría dar jaque.

viernes, 9 de enero de 2009

Cosmo y las trenzas

¿Qué me has hecho?.
No soy yo. Sé que eres tú, pero no soy yo.

Está en ti, en tus ojos.
Esa luz que brilla en ellos cuando me sonríes trae la primavera, trae el cielo... y el infierno.

Está en tu boca,
la pícara sonrisa que eres capaz de insinuar con ella me tiene cautivo.

Está en ti, en tu pelo.
Es tu manera de echártelo hacia atrás, hacia adelante, hacia los lados, detras de las orejas, de hacerte una coleta.... ¿Qué me has hecho?.

¡Vivo! por primera vez vivo. Vivo cuando te veo. Vivo si me hablas. Vivo. Vivo cuando te giras al pasar, y tu mirada me hace existir. Vivo por obra y gracia de una mirada, por mor de un roce furtivo. Vivo.

Y aunque sí, me has dado la vida, moriré. Sé que moriré. Moriré si me besas. Moriré si me ignoras. Moriré si me dejas.... Moriré si me lo pides. Moriré...

Moriré porque eres el sol y las estrellas, eres el cielo y la luna, eres amanecer y atardecer, eres principio y fin, eres hoy, eres tú, eres todo....y yo no soy nada.
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Ya no soy yo, he nacido y he muerto. Tú me diste aliento y tuyo ha sido el veneno que ha acabado conmigo. De algún modo, por ti he probado la fruta del árbol del bien y del mal y ya no soy yo...

No, no soy yo, para ti nunca fui yo... nunca seré yo, y sin embargo, lo sé, sé que sin duda eres tú...sé que siempre serás tú.

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Cosmo no sabe que esos sentimientos se pueden escribir... quizás hacerlo aliviara su alma. Mucho menos sabe que se pueden decir, que las palabras no están malditas, que el mal que aqueja su alma forma parte de un hechizo más viejo que el tiempo; que se pueden compartir con padres, con hermanos, con amigos; que incluso balbuceándolos ante la persona amada es improbable que un rayo le fulmine instantaneamente. Cosmo no lo sabe. No lo sabe y guarda sus sentimientos para sí mismo....los guarda para siempre. El miedo a ser rechazado, a ser fulminado por el rayo de la vergüenza, hace que Cosmo se quede sin saber si sus sentimientos son correspondidos. Ese miedo hará que nunca lo sepa...

Pero incluso los pusilánimes, los inexpertos o los cobardes tienen segunda oportunidad. Lo que Cosmo en este momento no puede siquiera imaginar es que aunque la recordará, no será ella. No para siempre....