sábado, 18 de abril de 2009

Que sais-je?

Admiro y compadezco a la gente que cree que sabe; yo no sé si sé. Ni siquiera sé si sabría saber.

Resulta tranquilizador tener convicciones; estar seguro de las cosas importantes, sentir que se pisa terreno firme. Yo sólo tengo fe en mi propio juicio, en mi propia razón; sólo estoy convencido de que lo que entendemos por verdad está teñido de prejuicios; sólo siento que el suelo bajo mis pies se quiebra cada vez que intento construir una teoría o afianzar una verdad.

A la gente le gusta que le digan cómo son las cosas, que le den interpretaciones, que le expliquen la lección. A mí me gusta descubrír cómo son las cosas, encontrar la interpretación correcta (o al menos la menos mala), y poner en duda tanto opiniones como lecciones magistrales.

La sociedad, para cubrir esa demanda de verdad enlatada, crea expertos, tertulianos, generadores de opinión, gurús, predicadores, falsos ídolos (los de Bacon y los de la caja tonta) e incluso blogeros.

No en vano, la gente quiere saber si mañana va a llover o no, si la bolsa va a subir o a bajar, si el aceite es bueno o malo para el colesterol; la gente necesita que su gurú de cabecera salga en la tele para contarle la receta para salir de la crisis.

No importa que el hecho de que los factores que no controlamos para predecir el tiempo a más de un día vista se coman la certidumbre. No importa que, por definición, los sistemas complejos sean impredecibles. La gente quiere una predicción. La gente quiere seguridad, aunque ésta sea falsa.
Yo sobreviví a las arenas movedizas primero de la religión, y luego de la ciencia (Popper, Godel, Heisenberg) , aprendí a superar la desazón que supone darse cuenta que aquello en lo que crees, aquello que quieres creer, no está sustentado en argumentos o que éstos no son tan sólidos como solías creer, aprendí a a vivir en la incertidumbre, aprendí a aprecir la duda y convivir con ella.

Desde luego eso no me hace más feliz, tampoco me hace mejor persona, y ni siquiera creo que me haga estar más cerca de la verdad. Pero yo soy así: ecléctico, escéptico y crítico. Soy así, no lo puedo evitar.

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