En realidad lo que no sé es porqué no me ha venido antes a la mente, con tanto como he defendido el escepticismo, la racionalidad, la individualidad y el espíritu crítico.
No sé cómo ni porqué, pero bienvenida sea. De nuevo.
Cuántas cosas serían mejores si una epidemia de librepensamiento recorriera la tierra asolando ideas preconcebidas, aniquilando dogmatismos, liberando a las neuronas de su confinamiento ideológico.
Lo curioso es que soy un pésimo librepensador. Yo también soy cautivo de mis prejuicios, prisionero de mis decisiones, esclavo de mis miedos... un digno representante de mis traumas.
Quizás el único cautiverio que no he sufrido sea el de los ideales. Siempre han sido mis ideas, no mis ideales las que han dirigido mi conducta. Eso no quiere decir que sea razón pura, que yo no tenga ética ni moral; ni que éstas no afecten a mi comportamiento. Pero no cabe duda, soy más de ideas que de ideologías.