sábado, 4 de julio de 2009

Montaigne

De vez en cuando lees algo sobre alguien con el que inmediatamente te sientes identificado. Alguien que te hace renovar tu fe en la raza humana. Esta sensación es tanto más intensa cuanto más alejado está ese personaje de tu tiempo, de tu época. Es extraña la sensación que provoca encontrase con que hace 2.500 años los antiguos griegos ya tenían una visión del mundo individualista, escéptica, crítica, atónita.


No sé ni dónde ni cuándo me tropecé con Michel de Montaigne. Y tampoco sé porqué me impacto tanto. No he leído mucho y lo que he leído ni siquiera me parece estéticamente brillante, pero hay algo en sus escritos... algo que... no sé. Casi mejor que explicarlo prefiero poneros un texto suyo y que lo veáis por vosotros mismos. Michel de Montaigne:

Estamos completamente locos: "Se ha pasado la vida ocioso" decimos; "no he hecho nada hoy". ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Esa es no sólo la fundamental sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. "Si me hubieran colocado en posición de manejar asuntos importantes, habría demostrado lo que puedo hacer" ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Ya habéis manejado el asunto más importante de todos.
Para mostrarse y lucirse, la naturaleza no necesita para nada de la fortuna; se muestra en todos los niveles tanto delante como detrás del telón. Nuestro deber es componer nuestra conducta, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad en nuestro proceder. Nuestra mayor y más gloriosa obra de arte es vivir como nos corresponde. Todo lo demás, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho.
Es absoluta perfección y casi divino saber gozar lealmente del propio ser. Buscamos otras cualidades por no saber usar las nuestras y nos salimos de nosotros mismos por no saber estar dentro. Y en vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues hasta con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas. Y en el trono más elevado del mundo seguiremos estando sentados sobre nuestras posaderas.

Michel de Montaigne...un librepensador.