martes, 26 de enero de 2010

Noche

La negrura de la noche es desgarrada por la titilante luz de la temerosa farola. Flashes que apenas rompen la oscuridad. Destellos que revelan apenas nada.
Sólo el viento sobre la lluvia como una viñeta de derviches dementes danzando sobre la negrura de la tinta de un dibujante.
Sólo viento. Sólo lluvia. Sólo noche.

Viento azotando las pertenencias del desdichado que yace en el suelo del callejón.
Sólo lluvia estrellándose contra las gabardinas de los que han venido a desentrañar sus secretos.
Noche escondiendo lo que en ningún corazón humano se puede esconder.
Miedo reflejándose en los rostros de los que habitan la noche y la conocen... y la temen.

Miedo. Excepto en el alma del intruso y los que lo acompañan.

¿Quiénes son esos que han venido? ¿Por qué no tienen miedo? La pregunta recorre la oscuridad con un estremecimiento colectivo. Una ola de rabia desbocada que genera un pánico irracional, un temor atávico que sacude el corazón de los hombres, pero que, curiosamente, no hace sino alentar el valor del intruso. Mientras la noche se estremece una sonrisa se dibuja en su rostro.

Sabe que está siendo observado. Su falta de temor suele provocar turbación, incomprensión y finalmente miedo en sus oponentes. Sabe también que en esta ocasión provoca rabia, odio. Sabe que lo ha encontrado. Un rival. Al fin tiene su Moriarty.

miércoles, 20 de enero de 2010

Así como somos

Eres de corazón.
Eres de corazón y de sol;
y de luz y de cielo,
y de azul; no, de blanco; de blanco y de mar.
Así te imagino.

Yo soy de cerebro y de luna;
de sombras e infierno.
Soy de naranja y de viento
de tierra y de invierno.
Así soy.