Quién no ha encontrado una causa es porque, como yo, no es de causas. Y es que salvadores hay tantos que es imposible no toparse alguno impartiendo su doctrina, predicando su causa. Aparecen de repente, cuando menos lo esperas. ¿Que creías que ibas a pasar un buen rato hablando de los viejos tiempos mientras tomabas un café con un antiguo amigo? Pues no. Cuando llegas te encuentras a un ferviente creyente, recién convertido, misionero a tiempo completo, que no duda en amargarte el café mientras te revela la verdad a la que has permanecido ajeno todos estos años.
Pero quedándote en casa no estás a salvo. No, desde hace unos años te los encuentras también a la vuelta de una entrada en el Facebook o a la salida de un post que utilizan como púlpito y desde donde ejercen su labor de evangelización así en la tierra como en el cielo... y por supuesto, de encender la tele ya ni hablamos.
Estos salvadores vienen en diversos formatos o categorías:
Los místicos:
Representantes en la tierra de diversas causas místicas: religiosas, por supuesto, pero también ideológicas (sí, los fieles a una ideología también experimentan éxtasis y revelaciones... algunos hasta levitan).
Los cansinos:
Representando a causas que, aunque tienen su reflejo en el mundo de las ideas por donde deambulan los religiosos o ideólogos puros, son más mundanas, más terrenales. Causas tales como el cambio climático, o los derechos de los animales, o el feminismo, o los derechos de los fumadores, o los derechos de los ciclistas, o el "anti-abortismo" o el derecho a llevar un arma o lo que sea.
Los redentores:
Finalmente, a veces el salvador y la causa son uno, como cuando alguien se une a una persona y pone en ella su propia esencia, su ser; identificando su felicidad con la de esta persona. Puede ser un hijo o un marido/mujer o simplemente el líder de la manada.
Según la perspectiva de cada uno, las causas pueden parecer loables o no, pero incluso con las buenas causas (con las que a uno le parecen buenas), hay que andarse con ojo. Cuando uno se aferra a una causa y busca en ella una redención personal, o cuando la verdad de su causa le ciega a todo lo demás, está perdido como individuo, como ser racional.
Cuando alguien encuentra su causa, su salvación, ésta deja de ser un tema que se pueda debatir y se convierte en acto de fe, en dogma. Es inevitable. Esa persona ha puesto cuerpo y alma en la causa y ¿qué hay más importante que el cuerpo y el alma de uno mismo? Nada se pone por delante de la causa, la causa no tiene peros, y por supuesto, por nada ser renuncia a una causa o se asume que es errónea. Llegados a este punto, simplemente no es posible. Si has empeñado tu alma en una causa, harás lo imposible por defenderla.
Como decía, no soy de causas. Así que, sea tomando un café o a la vuelta de una entrada en el Facebook, si os habéis encontrado ...
Un héroe buscando una causa por la que combatir
Un caballero que eligió una cruzada en la que perder su alma
Un mártir que ha encontrado una razón para morir.
No era yo. Y si lo fui, ya no. Nunca más.
No, yo no necesito un motivo para vivir...
Hace tiempo que renuncié a ser un héroe,
Nunca me he sentido un caballero
Jamás he querido ser un mártir.
No, ya no quiero cambiar el mundo...
Las causas degeneran y son corrompidas por el poder y el tiempo.
Las cruzadas son intrínsecamente fascistas
Las razones... cada uno tiene sus razones.
No, yo nunca he necesitado marchar al unísono.
Los héroes lo son sólo para un bando
Los caballeros se destruyen en su lucha contra el otro
Los mártires... mueren.
No, mi única causa es mi gente; son mis seres queridos.
Lo siento, hoy no salvaré al mundo.
El precio es demasiado alto.
Os tendréis que buscar otro tonto :P