sábado 4 de julio de 2009

Montaigne

De vez en cuando lees algo sobre alguien con el que inmediatamente te sientes identificado. Alguien que te hace renovar tu fe en la raza humana. Esta sensación es tanto más intensa cuanto más alejado está ese personaje de tu tiempo, de tu época. Es extraña la sensación que provoca encontrase con que hace 2.500 años los antiguos griegos ya tenían una visión del mundo individualista, escéptica, crítica, atónita.


No sé ni dónde ni cuándo me tropecé con Michel de Montaigne. Y tampoco sé porqué me impacto tanto. No he leído mucho y lo que he leído ni siquiera me parece estéticamente brillante, pero hay algo en sus escritos... algo que... no sé. Casi mejor que explicarlo prefiero poneros un texto suyo y que lo veáis por vosotros mismos. Michel de Montaigne:

Estamos completamente locos: "Se ha pasado la vida ocioso" decimos; "no he hecho nada hoy". ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Esa es no sólo la fundamental sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. "Si me hubieran colocado en posición de manejar asuntos importantes, habría demostrado lo que puedo hacer" ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Ya habéis manejado el asunto más importante de todos.
Para mostrarse y lucirse, la naturaleza no necesita para nada de la fortuna; se muestra en todos los niveles tanto delante como detrás del telón. Nuestro deber es componer nuestra conducta, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad en nuestro proceder. Nuestra mayor y más gloriosa obra de arte es vivir como nos corresponde. Todo lo demás, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho.
Es absoluta perfección y casi divino saber gozar lealmente del propio ser. Buscamos otras cualidades por no saber usar las nuestras y nos salimos de nosotros mismos por no saber estar dentro. Y en vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues hasta con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas. Y en el trono más elevado del mundo seguiremos estando sentados sobre nuestras posaderas.

Michel de Montaigne...un librepensador.

jueves 25 de junio de 2009

Librepensador

No sé cómo me ha venido a la mente esta palabra. Una palabra que llevo sin oir desde que estaba en el instituto. Supongo que no está de moda. Ni la palabra ni el significado que encierra.


En realidad lo que no sé es porqué no me ha venido antes a la mente, con tanto como he defendido el escepticismo, la racionalidad, la individualidad y el espíritu crítico.


No sé cómo ni porqué, pero bienvenida sea. De nuevo.


Cuántas cosas serían mejores si una epidemia de librepensamiento recorriera la tierra asolando ideas preconcebidas, aniquilando dogmatismos, liberando a las neuronas de su confinamiento ideológico.

Lo curioso es que soy un pésimo librepensador. Yo también soy cautivo de mis prejuicios, prisionero de mis decisiones, esclavo de mis miedos... un digno representante de mis traumas.

Quizás el único cautiverio que no he sufrido sea el de los ideales. Siempre han sido mis ideas, no mis ideales las que han dirigido mi conducta. Eso no quiere decir que sea razón pura, que yo no tenga ética ni moral; ni que éstas no afecten a mi comportamiento. Pero no cabe duda, soy más de ideas que de ideologías.

sábado 23 de mayo de 2009

Momentos

El alma humana está hecha de pedazos de tiempo.

Polvo de vivencias que forjará cómo somos.

Momentos que por algún motivo deciden aferrarse a nuestra vida.

Son los momentos que recordamos; los que nos atormentan, los que nos hacen sonreir, los que nos acompañarán por siempre... allá donde vayamos.

A veces los hacemos nuestros y perfilan nuestro carácter. En esos casos, no sólo nos acompañan, sino que nos muestran el camino, e incluso dan sentido a la vida.

Pero otras veces nos hacen suyos, de algún modo consiguen apoderarse de nuestra alma. y desde allí aniquilan nuestro ser. Algunos nos parasitan convirtiéndonos en seres débiles, frágiles, sin salud. Otros son vampiros que se alimentan de nuestro aliento vital, haciéndonos perder el ánimo. Otros son rabia pura que nos devora lentamente desde las entrañas. Otros enturbian nuestra visión del mundo y nublan nuestro juicio, anulando nuestra capacidad de raciocinio y haciéndonos impermeables a nuevas ideas. Algunos, únicamente (como si esto fuera poco) aniquilan nuestra capacidad de compasión y nos impiden conectar con los más débiles, con los que sufren. Otros, simplemente, nos obligan a olvidar.

No siempre estos idola son intrínsecamente abominables. En la mayoría de casos, una predisposición en nuestro carácter o un momento de debilidad los predispone en nuestra contra, y los hace más y más fuertes. Pero son esos mismos idola los que, bien integrados en nuestro carácter, nos harán más fuertes y quizás, incluso, mejores personas.

Momentos buenos y malos, momentos con los que hay que aprender a convivir. Son nuestros momentos. Es nuestra vida,... y no se puede desperdiciar.

miércoles 13 de mayo de 2009

No me juzguéis

No me juzguéis por vuestros pecados
No me condenéis por no ser como vosotros
No me castiguéis por no ser lo que esperabais.

No me juzguéis por cómo creéis que soy
No me condenéis porque no os gusta mi aspecto
No me castiguéis porque no me entendáis.

No me juzguéis por lo que no he dicho
No me condenéis por tener razón
No me castiguéis por estar equivocado.

No me juzguéis.

Y si lo hacéis...
Juzgadme por mis palabras y mis silencios.
Condenadme si no uso la razón
Castigadme si no soy fiel a mí mismo.
Hacedlo. Yo ya lo hago.

sábado 18 de abril de 2009

Que sais-je?

Admiro y compadezco a la gente que cree que sabe; yo no sé si sé. Ni siquiera sé si sabría saber.

Resulta tranquilizador tener convicciones; estar seguro de las cosas importantes, sentir que se pisa terreno firme. Yo sólo tengo fe en mi propio juicio, en mi propia razón; sólo estoy convencido de que lo que entendemos por verdad está teñido de prejuicios; sólo siento que el suelo bajo mis pies se quiebra cada vez que intento construir una teoría o afianzar una verdad.

A la gente le gusta que le digan cómo son las cosas, que le den interpretaciones, que le expliquen la lección. A mí me gusta descubrír cómo son las cosas, encontrar la interpretación correcta (o al menos la menos mala), y poner en duda tanto opiniones como lecciones magistrales.

La sociedad, para cubrir esa demanda de verdad enlatada, crea expertos, tertulianos, generadores de opinión, gurús, predicadores, falsos ídolos (los de Bacon y los de la caja tonta) e incluso blogeros.

No en vano, la gente quiere saber si mañana va a llover o no, si la bolsa va a subir o a bajar, si el aceite es bueno o malo para el colesterol; la gente necesita que su gurú de cabecera salga en la tele para contarle la receta para salir de la crisis.

No importa que el hecho de que los factores que no controlamos para predecir el tiempo a más de un día vista se coman la certidumbre. No importa que, por definición, los sistemas complejos sean impredecibles. La gente quiere una predicción. La gente quiere seguridad, aunque ésta sea falsa.
Yo sobreviví a las arenas movedizas primero de la religión, y luego de la ciencia (Popper, Godel, Heisenberg) , aprendí a superar la desazón que supone darse cuenta que aquello en lo que crees, aquello que quieres creer, no está sustentado en argumentos o que éstos no son tan sólidos como solías creer, aprendí a a vivir en la incertidumbre, aprendí a aprecir la duda y convivir con ella.

Desde luego eso no me hace más feliz, tampoco me hace mejor persona, y ni siquiera creo que me haga estar más cerca de la verdad. Pero yo soy así: ecléctico, escéptico y crítico. Soy así, no lo puedo evitar.

miércoles 8 de abril de 2009

Cemento y agua

Ya he hablado en este blog sobre el modo en que las posturas se enconan y las diferencias (muchas veces pequeñas) y los prejuicios (sobre la "otra parte" y sobre el tema a tratar), pesan mucho más que los puntos de acuerdo (casi siempre, si se piensa friamente, mayoritarios). Claro, se ha de tener en cuenta que además de los prejuicios y los intereses, en estas cuestiones afectan otras fuerzas: Las políticas.

A los políticos les interesa que existan estos desencuentros, pero a los ciudadanos y a la sociedad..... uhmm... no estoy muy seguro. Para Marx la lucha entre opuestos hace avanzar el mundo, pero, si esto es así, a mí no me gusta cómo se plantea la discusión.

En cualquier caso, sea como sea, en esta entrada voy a aplicar mi teoría del consenso básico a la política hídrica. Sé que esto puede ser más complicado, porque parto de la base de que las personas somos básicamente egoístas y que nuestro lado emocional (influido por nuestras situación en el mundo y por nuestras experiencias pasadas) trasciende nuestro lado racional y bloquea el consenso. Aún así, voy a intentarlo.

Mis premisas son que los recursos han de ser compartidos y que el ecosistema original ha de ser respetado y en la medida de lo posible, preservado.

Aceptando esas dos ¿simples? premisas, mi modesto razonamiento llega a las siguientes conclusiones:

1) La conexión de las cuencas, los "canales" son básicamente positivos porque no afectan al ecosistema original significativamente y permiten compartir si hay necesidad.

2) Los transvases, los traspasos de un determinado caudal de una cuenca a otra, han de ser estudiados en cada caso en concreto e implican hacer un estudio tanto de las necesidades en destino como de las condiciones en origen (caudal ecológico, planes de desarrollo local, etc); y por supuesto, sobre el impacto de la ejecución del propio proyecto.

Claro, muy en relación con esto nos encontramos con el asunto inmobiliario, los intereses de unos pocos y los prejuicios de todos.

Por mi parte pienso que si los europeos quieren jugar al golf a media tarde cuando vuelven de tomar el sol en nuestras playas, es interesante que busquemos la manera de hacerlo, pero sólo si no impactamos significativamente en el medio ambiente.

Seguro que ya hay muchas zonas saturadas urbanísticamente, y desde luego todos conocemos parajes que deben preservarse inalterados, pero en otros muchos casos, quizás un proyecto urbanístico pueda encajar en el medio natural. Pero claro, si construimos sin considerar la disponibilidad de los recursos necesarios (agua, luz, escuelas, jardines, accesos, espacios deportivos,…), luego nos encontramos con la desagradable sorpresa de que la única manera de conseguirlos es exprimir más el medio ambiente.

¿Pero eso quiere decir que si los recursos no están allí no debemos llevar a cabo el proyecto? Y en el caso concreto del agua, ¿Quiere decir que no se puede traer el agua de una cuenca con excedentes? En mi opinión, siempre que consideremos el proyecto en su versión "extendida" (es decir, considerando no sólo el proyecto en sí mismo sino también los proyectos necesarios para hacer llegar allí los recursos necesarios) y que una parte de la riqueza que genere el proyecto (pongamos que consiste en contruir un campo de golf) repercuta en las poblaciones afectadas (por ejemplo en la cuenca cedente que podría cobrar el agua a precio de oro), el proyecto debe ponerse en consideración.

Y si nos ponemos a pensar en lugar de a pelearnos, quizás se pueda utilizar algún componente sintético en lugar de césped y nos ahorramos la tan codiciada agua (seguro que los amantes del golf dejan de leer en este punto, pero yo no veo porqué no, para mí el cesped artificial aplicado al fútbol ha sido un gran invento -sobre todo comparado con los patatales en los que jugábamos cuando jóvenes).

En definitiva, hay que conectar cuencas, hay que instalar estaciones desalinizadoras, hay que estudiar cada transvase y sobre todo, sobre todo, hay que ahorrar recursos. También hídricos. Resulta muy dudoso que el planeta pueda soportar nuestro desenfrenado ritmo de vida.

jueves 12 de febrero de 2009

Mus

- ¡Mus! - dijo el mentalista.
- Pero si tú no sabes jugar al mus.
- ¿Y qué?, tampoco soy mentalista.
- Claro, y yo no soy la pantera rosa - dijo un bicho escuálido de color rosa.
- Vale, pues entonces Mus - dijo el mentalista.
- ¡¡Remus!! - dijo el bicho.
- Es un farol
- ¿Eso no es en el poker?
- Sea como sea, es un farol.
- Claro, claro, como el señor es mentalista....- dijo el bicho echando las cartas sobre la mesa. Y concluyó - Recuérdame que no vuelva a jugar al parchís contigo.
- No te preocupes, con la camisa de fuerza no te podría dar jaque.

viernes 9 de enero de 2009

Cosmo y las trenzas

¿Qué me has hecho?.
No soy yo. Sé que eres tú, pero no soy yo.

Está en ti, en tus ojos.
Esa luz que brilla en ellos cuando me sonríes trae la primavera, trae el cielo... y el infierno.

Está en tu boca,
la pícara sonrisa que eres capaz de insinuar con ella me tiene cautivo.

Está en ti, en tu pelo.
Es tu manera de echártelo hacia atrás, hacia adelante, hacia los lados, detras de las orejas, de hacerte una coleta.... ¿Qué me has hecho?.

¡Vivo! por primera vez vivo. Vivo cuando te veo. Vivo si me hablas. Vivo. Vivo cuando te giras al pasar, y tu mirada me hace existir. Vivo por obra y gracia de una mirada, por mor de un roce furtivo. Vivo.

Y aunque sí, me has dado la vida, moriré. Sé que moriré. Moriré si me besas. Moriré si me ignoras. Moriré si me dejas.... Moriré si me lo pides. Moriré...

Moriré porque eres el sol y las estrellas, eres el cielo y la luna, eres amanecer y atardecer, eres principio y fin, eres hoy, eres tú, eres todo....y yo no soy nada.
...................................

Ya no soy yo, he nacido y he muerto. Tú me diste aliento y tuyo ha sido el veneno que ha acabado conmigo. De algún modo, por ti he probado la fruta del árbol del bien y del mal y ya no soy yo...

No, no soy yo, para ti nunca fui yo... nunca seré yo, y sin embargo, lo sé, sé que sin duda eres tú...sé que siempre serás tú.

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Cosmo no sabe que esos sentimientos se pueden escribir... quizás hacerlo aliviara su alma. Mucho menos sabe que se pueden decir, que las palabras no están malditas, que el mal que aqueja su alma forma parte de un hechizo más viejo que el tiempo; que se pueden compartir con padres, con hermanos, con amigos; que incluso balbuceándolos ante la persona amada es improbable que un rayo le fulmine instantaneamente. Cosmo no lo sabe. No lo sabe y guarda sus sentimientos para sí mismo....los guarda para siempre. El miedo a ser rechazado, a ser fulminado por el rayo de la vergüenza, hace que Cosmo se quede sin saber si sus sentimientos son correspondidos. Ese miedo hará que nunca lo sepa...

Pero incluso los pusilánimes, los inexpertos o los cobardes tienen segunda oportunidad. Lo que Cosmo en este momento no puede siquiera imaginar es que aunque la recordará, no será ella. No para siempre....

sábado 6 de diciembre de 2008

Rapsodia en azul I

Cosmo anda apresuradamente al lado de su madre. No le gusta andar, prefiere correr; pero andar apresuradamente en un día de compras es, sin duda, su idea del infierno.

Al menos, puede dejar que corra su mente, que vuele su imaginación: observando los rostros e imaginando las historias que los han forjado; captando fragmentos de conversación y dándoles continuidad en un diálogo imaginario; percibiendo olores que hacen visibles las miserias que los viandantes se esmeran por esconder, como la naftalina y el betún de los que, como él mismo, estrenan zapatos cuando ni siquiera el calzador puede obrar el milagro de encajar un pie del 37 en un zapato del 33. Sólo los tirones inmisericordes que su madre da en el pequeño brazo de Cosmo, al grito de "Va, redeu, que no tenim tot el dia" consiguen sacar al joven Cosmo de su ensimismamiento, de su mundo imaginario. Eso y el bocadillo de calamares; eso y la napolitana de crema del Corte Inglés... con piñones.


¡Cómo le aprietan los zapatos a Cosmo! y encima, el calcetín que no deja de menguar y que se arrebuja en los rincones más recónditos de su confinamiento; precisamente en las zonas más sensibles de la anatomía plantar de Cosmo . ¿Es el zapato el que se come el calcetín o el calcetín que se esconde en el zapato? Sin duda el voraz borceguí es capaz de devorar al escuálido calcetín (Cosmo ha llegado incluso a temer por su pié) pero piensa Cosmo que es incluso más probable que sea el propio calcetín el que avergonzado de su humilde condición, de su infortunada alcurnia, se esconda en el interior del zapato, o incluso que hastiado de toda una vida de servidumbre, decida poner fin a sus días lanzándose en las fauces del famélico calzado, ofreciéndose a saciar sus apetitos y acabando así con su prosaica y pedestre existencia.


En esos profundos pensamientos se encuentra Cosmo cuando unas trenzas rubias atraen su atención. No es que Cosmo se fije mucho en las chicas, pero esa es otra de las cosas que está a punto de cambiar...

miércoles 15 de octubre de 2008

La noche de los muertos vivientes

La verdad es que si Montesquieu levantara la cabeza no terminaría de reconocer su herencia. Las desigualdades son flagrantes, la fraternidad brilla por su ausencia, y la libertad... ¡¡ay la libertad!!.

Aunque en muchas cosas hemos ido evidentemente a mejor, yo por mi parte no puedo evitar añorar aquella sensación de libertad que experimenté cuando niño. No voy a poner ejemplos ni de lo uno, ni de lo otro. Ejemplos de sobra circulan por la red sobre nuestra asilvestrada infancia y sobre las inconsciencias que, sin duda, cometíamos. Pero, ¡¡qué sensación de libertad!!

Es verdad, el mundo ha cambiado. En lugar de niños jugando a fútbol y de niñas jugando a la goma, las calles han sido tomadas por los coches. El mundo real ha sido reemplazado por uno virtual. Apenas hay actividades al aire libre. Acaso ni siquiera el aire sea libre.

No, no es nostalgia lo que siento, es una sensación de pérdida, de que las reglas, de algún modo, constriñen la libertad... y, como creo que decía Freud, provocan neurosis en la sociedad.

Entiendo que la mayor parte de las reglas son necesarias para facilitar la convivencia de la marea humana (sin duda, todas aquellas que protegen las libertades de los demás); pero entiendo también que muchas de ellas son fruto del miedo o de la conveniencia política. Ir sin casco, no llevar el cinturón, bañarse con bandera roja, ¿por qué no prohibimos subir al everest o hacer escalada libre? Es mucho más arriesgado. O mejor, ¿Por qué no sancionamos la obesidad? "Señor, señor, disculpe, pero el radar móvil del semáforo me indica que se ha saltado usted la limitación de 80 cm en cuanto a perímetro abdominal. La ley 17 de 2020 me faculta para realizarle un test de IMC. A ver, sople aquí........ Uhmm, me temo que voy a tener que sancionarle. Realmente es usted un inconsciente, su Indice de Masa Corporal está por encima de 25. Sufre serio peligro de sufrir un accidente coronario, diabetes y otras enfermedades metabólicas. Puff, madre mía, y su tensión está por las nubes. Me temo que voy a tener que retirarle su carné de hidratos de carbono por 3 meses. Ah, y le quito 4 puntos de su carné de lípidos". ¡¡Venga ya!!

Puede que el señor obeso se esté matando, pero, desde mi punto de vista, si es mayor de edad y está en su sano juicio, está en su derecho .

No llevar el cinturón o casco (a más de 20) es una inconsciencia, pero el estrés también mata y nadie te sanciona si estás estresado (de momento. Cualquier día el afán recaudatorio de la administración nos llevará a eso). Y esto me hace volver al principio. ¿no puede ser que tanta norma, que tanta regla para proteger nuestra integridad física, atente contra nuestra integridad y salud mental? ¿No puede ser que debamos experimentar de vez en cuando esa sensación de libertad a la que me refería antes? ¿No puede ser que necesitemos en algún momento el viento en la cara? ¿que sintamos la necesidad de subir la montaña aunque sea peligroso? ¿No puede ser que haya que hacer frente a los miedos? ¿No puede ser que haya que desafiar la muerte para sentirse vivo?.

Quizá este mundo de prohibiciones haga caer la noche sobre nuestra sociedad. Una noche oscura. Una noche sin vida de verdad. La noche de los muertos vivientes.

domingo 28 de septiembre de 2008

Una relación causal

Yo a nuestros dirigentes les recomendaría una relación causal. Sí, sí, causal. Quizás algunos hayan tenido relaciones casuales; la mayoría han tenido relaciones con consecuencias y con las consecuencias; pero mi recomendación es que deberían empezar a intimar con las causas. Las consecuencias son más importantes, pero las causas son más, mucho más interesantes.

Para poder actuar sobre las causas se necesita captar información y tener y utilizar cierta capacidad analítica. Actuar sobre las causas obliga a plantear situaciones, imaginar escenarios, descartar opciones; implica ser capaz de realizar predicciones, de asignar probabilidades, de extraer conclusiones... Actuar sobre las causas, en definitiva, exige aplicar capacidad de razonamiento, inteligencia, ... exige pensar; y eso es algo que nuestros dirigentes no tienen la costumbre de hacer.

Porque actuar sobre las causas, además de mucho más interesante, es mucho más arriesgado. Ellos prefieren actuar sobre seguro, dejarse llevar por las modas, no errar. En el mejor caso, tomar medidas superficiales, aplicar tratamientos conservadores, utilizar cirugías no intrusivas. En el peor, tomar medidas de cara a la galería, aplicar tratamientos de curandero, utilizar cirugías estériles e incluso realizar sangrías y trepanaciones públicas ante el aplauso y el clamor popular. Sin embargo, en los más de los casos, prefieren simplemente hacer oídos sordos, mirar hacia otro lado y esperar a que lleguen las consecuencias.

"Las consecuencias se pueden mitigar, pero las causas se pueden atajar". Mejor nos iría a todos si nuestros dirigentes se ocuparan en buscar este tipo de relaciones causales ... y si no saben o no quieren, al menos que establezcan relaciones casuales, que se dejen llevar, que se enamoren, que esbocen una sonrisa (pero no la de estreñimiento que tan impudicamente muestran ante las cámaras), que sean generosos con sus oponentes y que, en definitiva, nos dejen trabajar en paz a los demás y contribuir al bienestar (físico, mental y económico) de la sociedad.

martes 23 de septiembre de 2008

Crisis liberal II

Pero, ¿cómo nos vamos a entender? Suponiendo que nos escuchamos uno a otros (sí, sí, ya sé que eso es mucho suponer). Y suponiendo que además de escucharnos, somos capaces de interpretar una frase en el sentido en que ésta ha sido manifestada (y no en el sentido en el que prejuzgamos las intenciones de su autor)... Cómo vamos a entendernos, decía, si ni siquiera compartimos el significado de las palabras...

Yo creía que era relativamente liberal. Lo creía, porque me siento bastante identificado con la definición que da la RAE del liberalismo (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=liberalismo). Lo creía porque me gustan los estados enjutos, magros, en forma. Lo pensaba porque, salvo excepciones, no creo en la empresa pública (es muy difícil, estar en forma, ser competitivo, sin tener que competir). Lo pensaba porque, básicamente, creo en el equilibrio desequilibrado (o en el desequilibrio equilibrado) de la oferta y la demanda. Lo pensaba, porque, aunque creo en un estado regulador, no creo en un estado intervencionista. ¿Soy liberal? Parece que sí, ¿no? Pues depende.

Al parecer, mi opinión de que el estado debe regular la actividad empresarial va contra la opinión de algunos sobre qué es ser liberal. Pero, ¿cuál es la alternativa? Del mismo modo que el comunismo fracasó como experimento, el liberalismo radical, entendido como "dejar a las empresa que jueguen su juego como quieran" me parece que va contra el bienestar de la sociedad (e incluso de la propia empresa).

No sé, como en las entradas de "El término medio", considero que esto debería ser fácil de compartir; y aunque sé que conforme tratemos de profundizar en qué reglas ha de marcar el estado, surgirán las discrepancias, creo que las diferencias están sobre todo en dónde nos queremos colocar a priori o con qué posición sentimos más "simpatías". En resumen, que primero fijamos nuestra posición y luego ajustamos nuestras ideas.

No soy ningún experto, pero muchos de los postulados de Keynes son hoy compartidos por gente que se considera liberal, y por supuesto, muchas de las ideas del capitalismo son hoy compartidas por los que se dicen socialistas (entiendo, quizás equivocadamente, que el conservadurismo no es una doctrina económica y que ahí podemos encontrar tanto intervencionistas como liberales. De ahí que no los incluya en esta reflexión).

Como resumen de mi opinión, pienso que las empresas no operan sino en el contexto de una sociedad humana que es la que marca las reglas del juego, la que impone unas restricciones; la que en base a unas creencias, unos valores, una historia, una cultura, dice cómo se juega el juego empresarial. En mi opinión, las empresas han de jugar el juego que la sociedad quiera que jueguen, pero el estado les ha de dejar jugar ese juego con libertad.

De esta opinión se deriva una consecuencia que considero cada vez más importante de atender, y es la necesidad de un gobierno mundial que imponga restricciones al modo en que operan las grandes multinacionales, que escapan a la regulación local apoyando sus operaciones en la deslocalización y en la desregulación local ... y global.

Los ejemplos del problema los podemos encontrar con facilidad en cuestiones sociales o medioambientales (para no extenderme, no entraré en ellos, pero creo que son de sobra conocidos). Todas estas cuestiones derivan, si nos centramos en la vertiente puramente económica, en una desvirtuación del juego del mercado, en el que las reglas son unas para los más y otras para las multinacionales.

Ahora bien, tampoco creo que una empresa pueda ser competitiva teniendo que atender tres cuentas de resultados como propugna la Responsabilidad Social Corporativa. La empresa debe tener una única cuenta de resultados: La económica; ahora bien, debe operar teniendo en consideración unas restricciones en materia social y medioambiental fijadas por la sociedad y sus representantes en el gobierno, y que no puede obviar (Más información sobre mi opinión en el punto 1 de la reflexión final de este artículo: http://www.infonova.es/boletin/200602noticia1.htm).

Pero, como suelo hacer, me he ido del tema. La actual crisis, ¿es una crisis del liberalismo o del intervencionismo?. En mi opinión, da igual cómo la clasifiquemos. Para mí, han fallado los mecanismos del estado. Las restricciones en las que operaban las empresas eran deficientes o escasas (¿o quizás excesivas?); los ajustes realizados por los estados (tipos de interés, impuestos, incentivos a la inversión, al ahorro o al consumo), desacertados; las medidas para detectar el fraude o evitar las prácticas "tóxicas", insuficientes. Utilizando una metáfora futbolística, me inclino a pensar que las reglas dictadas por la UEFA, que en otras ocasiones nos han llevado al cerocerismo, unido a la permisividad del árbitro, nos han llevado al juego violento... sobre todo en los partidos que se han jugado bajo las reglas de otras federaciones.

Pero volviendo al principio: ¿Alguien me puede explicar qué es ser liberal? Y ahora que lo pienso, si es difícil entender qué es un liberal hoy en día ¿Qué es ser socialista? ¿Tendrían nuestros padres (por no decir nuestros abuelos) la misma idea de lo que es ser socialista?
Estoy seguro de que, sin el papel unificador del groupthinking, sin un lider que imparta e imponga su doctrina, no habría dos liberales (ni dos socialistas) que, puestos a reflexionar por separado, dieran la misma respuesta a lo que es ser liberal o socialista... ¡¡Qué bueno sería eso!!.

jueves 18 de septiembre de 2008

Crisis liberal

Con motivo de la tan cacareada crisis (la verdad, estoy de los gallos radiofónicos hasta la cresta), se están poniendo en cuestión los modelos económicos imperantes... y ¡qué cacacaray!, me parece muy bien.
Pero ¿por qué esperar a estar en crisis para poner en crisis los modelos que seguimos? Estos modelos económicos que rigen el comportamiento del mercado, han de ser vigilados y corregidos si ha lugar.

Pero, en mi opinión, no es ahora cuando nos debemos de plantear nuevos modelos. Llevamos varios años hablando de la burbuja inmobiliaria. Y ¿qué han hecho los distintos gobiernos que han ido pasando por Moncloa? Nada. Na-da.

En el mejor caso, lanzar tímidos mensajes de aviso por un lado, mientras por el otro seguían concediendo licencias de obras e iban engrosando las arcas del estado. En el peor, actuar en connivencia con empresarios sin escrúpulos e ir engrosando las arcas, no del estado, sino las propias.

Por su parte, los empresarios (grandes y pequeños), como es lógico, han orientado su actividad a aquello que le resultaba más lucrativo.

Desde mi punto de vista, sólo hay un modo de entender una empresa y es como una máquina de hacer dinero. ¿Dónde había dinero? En la construcción. ¿Que ha de hacer la empresa? Construir.

Pero ahí es donde, desde mi punto de vista, puede/debe entrar el estado. El estado es quien fija las reglas de juego; y el estado es quien premia y castiga. Premia a los que van más allá del cumplimiento de la legislación (por ejemplo en materia social o medioambiental) y castiga a los que no respetan la normativa. Si la teoría inflacionaria (la de la inflación artificial de los precios de la vivienda, no "la otra") tenía visos de ser cierta, y si, siendo cierta, podía sumirnos en la crisis que estamos viviendo y que no sabemos en qué devendrá, ¿Por qué el gobierno no intervino?

Las empresas están en la obligación, para competir, de, respetando la legislación, tratar de obtener el máximo beneficio, y no les va a preocupar que eso lleve a una situación de desequilibrio y a tensiones en el mercado. El legislador está obligado a establecer un marco regulador que obligue a las empresas a seguir caminos que no pongan en peligro la estabilidad social. Y por supuesto, si alguien incumple ese marco, o peor, si es un chorizo o un corrupto, a sancionarlo con severidad.

Y claro, yo me despierto esta mañana con que el señor Almunia, a la sazón Comisario Europeo de asuntos económicos y monetarios, nos dice que la culpa de la crisis la tiene la avaricia, y continúa diciendo que "los malos de esta película son los que inventaron ciertos productos financieros que han resultado ser tóxicos"... y no lo entiendo. Pero señores, pues NO LES DEJEN. Promulguen leyes que impidan ciertos productos, determinadas actuaciones, algunas prácticas. En mi opinión la obligación del gobernante, no es sólo luchar contra el fraude, sino también contra ciertas prácticas que pueden envenenar el mercado.

Pero mis sorpresas esta mañana no han acabado ahí: El presidente de la CEOE, en una especie de "Mundo al revés" le pide al estado "más intervención" (¡¡El presidente de la CEOE!!). Mientras que, al tiempo, de fondo se escucha un coro de extras haciendo armonías con la ya consabida fórmula de "Hay que bajar los impuestos de las empresas".

A ver: Vale que todos pueden cambiar de opinión, vale que sólo piden una intervención "puntual", vale que, aunque es mucho morro llamar a tus padres sólo cuando necesitas que te saquen de algún apuro, al fin y al cabo son tus padres y también están para eso; pero la verdad, siento que me he despertado en el país al otro lado del espejo.
Y de fondo el coro aprovechando para pregonar su cancioncilla ##"Bajar impuestos"$"Bajar impuestos" ##... Y yo me pregunto, ¿Acaso la bajada de impuestos hubiera salvado a Martinsa-Fadesa? Si no hay beneficios no hay impuestos, ¿no?

Creo que yo soy un empresario (a veces, comparándome con otros que se llaman empresarios, no estoy seguro) y la verdad, cuantos más impuestos tenga que pagar mi empresa, mejor. Entiéndanme, ni estoy tonto ni les estoy contando milongas, ya intentaré que Infonova, dentro de la legalidad, pague los menos impuestos posibles, pero esto es como cumplir años, que la alternativa es mucho peor. Ahora bien, una cosa es cumplir años y otra parecer mayor; y así es como yo lo veo, la alternativa a pagar impuestos es tener pérdidas, pero por supuesto ya intentaré yo pagar los menos posibles.

En realidad, aunque algunos lo hayan pensado, no estoy haciendo demagogia, sé que es más complicado que todo eso. Obviamente, si los beneficios de las empresas están menos gravados, atraerán más capital y las empresas tendrán una mejor financiación. Pero, para la mayor parte de las empresas españolas, que son pymes (sobre todo S.L's), eso no es "tan así".
En la raíz del porqué no es "tan así" está el hecho de que la realidad de la gran empresa es muy diferente a la realidad de la pyme, aunque desgraciadamente la "sociedad civil" (estudiantes, funcionarios, algunos empleados de grandes empresas, trabajadores privilegiados -futbolistas, artistas, actores, algunos médicos,...-, remanentes de la lucha de clases, ...), ajena a las batallas que las empresas libramos día a día por nuestra supervivencia, no hace distingos, asumiendo que los problemas y los beneficios de las grandes empresas (que son los que llegan a los medios de comunicación) son los mismos que los de las pymes... y no, yo les aseguro que no.

En mi opinión, lo que ahora puede hacer el gobierno es generar confianza con medidas razonables y de calado (nada de medidas estéticas o de cara a la galería) y tratar de que los problemas que podemos tener las pymes en este momento para acceder a la financiación sean los mínimos.

Pero ya es tiempo de que retome mi pregunta inicial ¿Por qué no se ha intervenido antes? (cuando se podía prevenir, cuando era más barato, cuando servía de algo...). ¿En mi opinión? Porque actuando cuando el problema no ha aflorado a la superficie no se ganan elecciones. Pero a lo mejor me he vuelto muy cínico (en el sentido de estar de vuelta de todo, ¿eh?)

miércoles 6 de agosto de 2008

El tiempo pasa (El tiempo pesa II)

El tiempo pasa...

Es el paso de los acontecimientos que jalonan nuestra vida. Es un día de trabajo, una tarde en el cine, unas cervezas con los amigos, un pequeño corte al afeitarse, un traspiés en la escalera, una mirada cómplice al despertar, pasear al perro, el atasco de entrada a Valencia, la canción del verano, colgar un cuadro, bajar la basura, tu cumpleaños, una cita…

El tiempo tiene sabor y olor.
Es el sabor de la victoria y el reencuentro; es el olor de la tierra mojada en una tarde lluviosa, es el olor a café recién hecho...

El tiempo suena.
Es el sonido del batear del mar contra la orilla, es el rítmico palpitar del corazón de tu hijo recién nacido...

El tiempo tiene color.
Es el verde de la esperanza, el amarillo de la amistad, el rojo del deseo, el carmesí del amor. Es el lavanda de las sábanas limpias, es el albaricoque de una piel suave, es el magenta de unos labios carnosos, es el anaranjado de un amanecer, es el ocre del otoño, el azul del mar, el púrpura del vino, ... es el blanco de la vida.

(El perdón es importante... la compasión nos hace humanos....
Caridad, misericordia y compasión… Empatía…ingenuidad. Todo un equipaje que llevamos de serie y que no podemos dejar que el paso del tiempo eche a perder. Una persona que ve pasar el tiempo, que lo percibe con todos sus sentidos, que disfruta y saborea lo bueno, y que vive y supera lo malo, una persona que no se construye una coraza es una persona… los demás, los que sienten el peso del tiempo, dejan de ser personas).

martes 5 de agosto de 2008

El tiempo pesa

Boom-boom:::boom-boom: Sístole-Sístole-Diástole: Boom-boom:::boom-boom.

El tiempo pasa...y pesa.
Es el peso de los amores no correspondidos, de las responsabilidades, de los desatinos, de los sufrimientos, de las desesperanzas; es el peso de la existencia…

El tiempo tiene sabor y olor.
Es el sabor del desengaño y la mentira; es el olor de la vergüenza y la frustración…

El tiempo suena...retruena.
En un aullido de dolor, en el palpitar desbocado de un corazón aterrado…

El tiempo (no) tiene color.
Es el negro de la muerte....

El tiempo no me ha hecho más sabio; sólo más viejo. Si acaso, he aprendido que nada importa… nada. Que nadie importa… nadie. Estoy SOLO. Sólo yo y mi fútil existencia.

(Si eso quieres, eso tienes)

El tiempo sólo me ha traído olores funestos, podridos.

(¿acaso porque sólo has husmeado en la basura?)

Bah. Todo es basura. Basura negra.

(quizás tu corazón está ciego. Lo has envenenado. Tu ira y tu odio; la desesperanza que anida en tu corazón lo ha cegado).

Sí, la vida ha sido dura y despiadada conmigo. Me han llamado amargado, cínico; despiadado, intolerante, mezquino, cobarde, … tirano.
Ingenuos, ignorantes, ilusos, necios todos. A todos nos espera un mismo destino y el camino no es precisamente un camino de rosas. ¿A qué tanta jovialidad?

(Ojalá un brote de ingenuidad pudiera arraigar en tu corazón; pero la ponzoña que nubla tu juicio y te convierte en un ser vil, despiadado, intolerante y cobarde, también envenena tu cuerpo convirtiéndolo en tierra estéril, evitando que nada noble brote en ti, y finalmente, asolando tu alma)

A cada cual lo suyo. Yo no tengo porqué soportar ni la estupidez ni la miseria de los débiles. Eso que llamas veneno me protege de la envidia de los demás, de que aniden sentimientos inquietantes, de que crezca la compasión; me protege de las penas que los débiles deben soportar cuando ven sufrir o incluso morir a un ser querido. Mi coraza es a prueba de dolor.

(La coraza que te has construido quizás te protege de la vergüenza y la frustración, de la pena y la mentira, del dolor y la derrota,… pero también de todo lo demás. Tu coraza te hace inmune a la vida)

Boom-boom:::boom-boom: Sístole-Sístole-Diástole: Boom-boom:::boom-boom.

Mi corazón retumba en el interior de la coraza que he creado a mi alrededor. Mi coraza me ha protegido bien de la inmundicia del mundo,... pero en estos últimos momentos añoro algunos recuerdos lejanos: el sonido de una palabra cariñosa, el sabor de un beso de verdad, el olor de la lluvia al despertar; el color del cielo del amanecer. Mi duro corazón se está quebrando; ya no puede más.

Y aquí estoy, solo en el interior de mi coraza…
boom-boom ....................
Solo …. ¡¡dentro de mi ataúd!!
Finalmente, el sonido del silencio.
………………………
(Y ahora que piensas, ¿Ha valido la pena?)

NOOOO0000ooooo…….

sábado 26 de julio de 2008

Simple o complejo

No sé dónde he leído que el cerebro humano se complace descubriendo patrones ocultos. Nuestro cortex, la parte más moderna de nuestro cerebro, parece disfrutar reconociendo esos patrones, hallando orden en el aparente caos: Matemáticas, música, pintura, etc parecen ser ejemplos de este fenómeno.

Pero en el caso de la música, aunque los oídos (cerebros) más instruidos parecen gozar con composiciones muy elaboradas (la música del genio de Salzburgo o quizás el free jazz o las jam sessions podrían ser ejemplos de ello), hay algo más. Se me ocurre que, en la música, hay algo muy antiguo, algo primitivo, atávico, precultural que hace que los patrones simples y repetitivos, los ritmos sincopados nos atraigan, nos atrapen ...y del mismo modo que descubrir el orden en el caos, también nos hagan gozar.

De algún modo, estos ritmos simples parecen acceder directamente a nuestro yo primitivo. Mientras los patrones complejos excitan nuestro cortex, los patrones simples hacen vibrar nuestro cerebro reptiliano y nos hacen entrar en trance.

No creo que los unos sean "superiores" a los otros. Si bien es cierto que los primeros tienen más que ver con nuestro yo más evolucionado, la capacidad de entrar en contacto con nuestro yo primitivo (la de los oyentes de llegar y la de los compositores o intérpretes de hacer llegar) no debe ser despreciada.

Aunque lo primero tenga que ver con la inteligencia racional, lo segundo tiene más que ver con la emocional. La capacidad de entrar en contacto con los sentimientos y las emociones es tanto o más importante para vivir la vida que la capacidad de razonamiento o abstracción. En la medida en que seamos capaces de emplear nuestro cortex sin abandonar nuestro hipotálamo, en la medida en que seamos capaces de disfrutar de Mozart, a la vez que gozamos de los ritmos africanos más antiguos (o del rock & roll), en la medida en que seamos capaces de tener un yo racional sin olvidar nuestro yo emocional, nuestra vida como personas y como especie será más larga y gratificante.

lunes 21 de julio de 2008

Vive rápido...

Me acaban de comunicar la triste noticia de que el que fue mi jefe durante ¿5? años primero en SDI y luego en Siemens ha fallecido. Era (era...) un hombre muy joven (creo que debía tener ahora apenas 45 años) que vivió la vida intensamente (en algún momento bajo el lema "Get rich or die trying", pero la mayor parte del tiempo bajo el de "vive rápido, muere joven ..."; ... como los mejores -¿os hacen falta ejemplos?).

Por razones que desconozco (puedo intuir que por su personalidad arrolladora, o quizás porque éramos jóvenes e influenciables), Pablo fue una persona que dejó en nosotros (creo que puedo hablar por todos -o casi todos- los que componíamos lo que una vez fue SDI) una huella imborrable. Sin duda marco nuestra trayectoria profesional, pero su influencia se extendió más allá, afectando a todos los ámbitos de nuestra vida. Aquellos años Pablo fue el nombre que estaba en todas nuestras conversaciones y la persona que más tiempo ocupaba nuestras mentes (al menos en horario de trabajo ;-).

Sin duda teníamos mucho que aprender de él, de su ejemplo. De lo que hay y de lo que no hay que hacer; que de todo daba muestras prácticamente todos los días (más de lo primero los primeros años y más de lo segundo los últimos). Desgraciadamente, pese a los innumerables ejemplos que nos dio de lo uno y de lo otro, y a pesar del gran impacto que tuvo en nuestras vidas, su ejemplo no caló en nosotros (quizás éramos demasiado distintos)...

...Y sin embargo, mucho de lo bueno que había en él, mucho del líder y del gran comercial que una vez fue, nos hubiera hecho falta en nuestros primero años de Infonova... y aún nos hace falta. Se me ocurre que nuestro particular homenaje a este hombre (de algún modo este "gran hombre") puede ser recordar su ejemplo y, esta vez sí, ..tratar de seguirlo.

"Pablo, con tu personalidad única y tu particular modo de vivir la vida te mantendrás vivo en nuestro recuerdo para siempre". "Sin duda moriste joven, ojalá que esa vida rápida que decidiste vivir te llevara a encontrar lo que buscabas". "Ojalá que al final encontraras tu camino".

jueves 10 de julio de 2008

El término medio: Inmigración

Recuerdan que les prometí que buscaría más ejemplos en los que un análisis desafecto de los hechos admite la convivencia e incluso la reconciliación de posiciones a priori contrapuestas. Pues éste es uno de esos ejemplos. Y cómo no, de un tema controvertido: La inmigración.

Los hechos:

En este momento, y lo digo por experiencia, necesitamos inmigración para cubrir los puestos de trabajo (cualificados o no cualificados) que los nacidos en España no somos capaces de cubrir (sí, incluso con la deceleración, recesión, crisis o como le queramos llamar).

Por otro lado, la inmigración descontrolada genera bolsas de pobreza, ghetos, mafias, alienación, xenofobia y finalmente, sí, porqué no decirlo, es así, delincuencia. Si tenemos la conciencia tranquila, no se tiene porqué tener miedo a decir las cosas claras. Es fácil caer en clichés estúpidos sobre racismo en el sentido de tachar de racista a todo aquel que exige tomar medidas contra la inmigración descontrolada (aunque obviamente lo hay, y mucho, no es racismo todo lo que reluce). Los inmigrantes delinquen más que los Españoles… y nosotros haríamos lo mismo si fuéramos ellos. No es que el hecho de no ser español te empuje a la delincuencia, es que la pobreza, sobre todo cuando se la hace convivir con la abundancia, genera frustración, alineación y delincuencia (en general cualquier desequilibrio flagrante va a generar esos mismos sentimientos y esas mismas consecuencias -entre otros ejemplos, los desequilibrios culturales o religiosos pueden terminar generando graves conflictos).

La posición en que (creo) se puede llegar a un acuerdo:

  1. Control y ordenación de la inmigración. Sin esto el corto plazo generará tensiones y conflictos de orden creciente en magnitud.

  2. Una política clara y decidida de apoyo a los países de origen. No ya acuerdos de repatriación, sino planes de apoyo (a corto) y de desarrollo (a medio y largo) para el tercer mundo pagados (y vigilados, las mafias actúan, ya se sabe) por los países del primer mundo. Sin explotación y sin interés. Si no somos capaces de que los miles de millones de personas que habitamos el planeta lo hagamos en condiciones razonables, estaremos abocados al desastre. Es inviable que 2/3 de la población mundial pase hambre. Este desequilibrio terminará por desquiciarnos (a unos y a otros) y finalmente, si no hacemos nada, por exterminarnos.
Sé que esto es más fácil de decir que de hacer, pero primero hay que ponerse de acuerdo en el qué, para luego analizar el cómo.

Una última reflexión. No se puede ser hipócrita o inconsciente. Si para reparar este desequilibrio hemos de ser más austeros; si hemos de renunciar a parte de nuestro bienestar para dotar de fondos el desarrollo del tercer mundo, habrá que hacerlo... habría que hacerlo. Obviamente, no soy tan ingenuo como para pensar que vayamos a renunciar a nada. Sé perfectamente que es fácil hacer una declaración de intenciones solidaria; sé, que mientras nos encontremos en el terreno de los buenos propósitos, será fácil ser generoso...

... pero lo mío, lo mío, que no me lo toquen....

martes 8 de julio de 2008

Matar una hormiga, eliminar una especie.

Una agradable tarde de primavera.
El sol, en su camino hacia occidente, no ha dejado de brillar en el cielo.
Es el fin de la jornada.
Unas tímidas nubes de horizonte, escandalizadas por las atrevidas lisonjas de los más insolentes y desvergonzados rayos de sol, se sonrojan con coquetería ante los seres vivos de esta parte del planeta.

Mientras, una colonia de hormigas, desfilando con despreocupación, se afana en llevar los últimos granos de la colecta a su despensa. En la fila, una de las obreras, una laboriosa hormiga llamada Tika, sigue resignadamente el rastro de feromonas que sus hermanas han dejado para ella.

Tika no sabe que esta magnífica tarde de primavera será la última que vivirá. Que los rayos de sol que perciben sus antenitas y que excitan su exoesqueleto son los últimos que sentirá. Esa tarde, mientras paseo a mi perro Solo por el camino de la autovía, mi descuidado pie irrumpe en la fila y aplasta sin piedad a la pobre Tika y a algunas de sus hermanas.

Pese a semejante carnicería no siento remordimientos.

Ha sido sin querer, pero además, qué caramba, ¡sólo era una hormiga!.

Esa noche, al meterme en la cama, ni siquiera pienso en Tika. Duermo como un lirón.

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No creo que mi falta de remordimientos por el homicidio de Tika la hormiga sea algo inmoral o inhumano. Por lo que sabemos (por lo que sé) una hormiga obrera no se diferencia sustancialmente de las otras obreras de su colonia. No le atribuyo individualidad. Su esencia, su karma, no es diferente del de ninguna de sus hermanas.

Y ahí es donde creo que está el quid de la cuestión de mi falta de remordimientos. Si mi desafortunada víctima hubiera sido un elefante (un elefante en miniatura, pongamos por caso), mi consternación, mi aflicción les aseguro que sería muy importante.

Reflexionando, se me ocurre que lo que determina la trascendencia de la pérdida no viene determinado por el hecho de que el elefante sea un mamífero (al menos no directamente), ni siquiera porque un elefante sea un animal magnífico. Tampoco, pienso, por el hecho de que se sabe que el elefante tiene consciencia de sí mismo (como individuo y como especie) e incluso es consciente del destino final que nos aguarda a todos. Ni tampoco (o no sólo) por la inteligencia que demuestra. Se me ocurre, decía, que lo que determina que mi hipotético crimen sea o no una monstruosidad, está en el hecho de que un elefante tiene un monton de rasgos que le caracterizan como individuo, que le diferencian del resto de individuos de su especie. Y no es sólo genética. El contenido de su cerebro es único e intrasferible (de hecho, no se puede hacer un volcado de un cerebro -en último término, por cuestiones relacionadas con la mecánica cuántica y el caos). Un elefante es algo único. Y no sólo por lo que es, sino también por lo que podría ser, por lo que es en potencia. La cantidad de información única que desaparece del universo cuando un ser vivo muere (por ejemplo un elefante enano aplastado por un pie humano) es lo que determina la trascendencia de la pérdida.

Si esta idea es correcta, eliminar una colonia de hormigas, o quizás, mejor, una especie de hormigas tal vez sea un crimen mayor que eliminar un elefante. Esto sería así si los rasgos o comportamientos característicos, únicos de la colonia de hormigas fuera mayor que los que posee el infortunado elefante enano. Es decir, si los rasgos eliminados definitivamente del mundo fueran más en el primer caso que en el segundo.

Pero, entonces, ¿el crimen cometido con Tika debe quedar impune sólo porque es una especie de clon? Y si Tika fuera una copia exacta de su única hermana Kika, las dos únicas hormigas de su especie. Al eliminar a Tika, he eliminado el 50% de la información redundante de toda la especie y cualquier cosa que le ocurra a Kika supondrá la desaparición de la especie de hormigas "Ikas". Tendría por tanto, la responsabilidad de la desaparición del 50% de la "Información" que custodiaban las IKas. Estoy poniendo en peligro un modo de vida, algo único. Una verdadera desgracia.

Y con este razonamiento, ¿adónde llegamos? ¿Dónde está el límite de lo criminal? Como en tantas otras cosas, el límite no está claro, es difuso. Quizás eliminar 1.000.000 de hormigas sea un crimen tan “horroroso” como matar un ratón. Y quizás matar una serpiente que merodea peligrosamente por los camastros de nuestros hijos esté plenamente justificado. No lo sé, pero deberíamos andarnos con ojo con lo que eliminamos y por qué lo hacemos. Deberíamos de tener muy buenas razones para matar incluso a esa humilde colonia de hormigas comunes que vive en nuestro jardín. Aunque, de momento, yo la verdad sigo sin sentir remordimientos por lo que le he hecho a la pobre Tika-------.

Uhmmm. Creo que esto se me ha ido un poco de las manos. Entre que el razonamiento ya es un poco marciano y que yo lo he paseado por sendas y vericuetos bastante excéntricos, me temo que sólo he contribuido a generar confusión. Aún así, me arriesgaré a dejarles con un último pensamiento. Si mi razonamiento es correcto, ¿acaso no tendríamos mucho más valor como individuos (y como expecie) en la medida en que tuviéramos nuestras propias ideas?

Tal vez el groupthinking, del que ya les he hablado, esté eliminando la "infodiversidad".

miércoles 28 de mayo de 2008

El camino de la identidad

Permitanme que me desvíe de la línea habitual de este blog en cuanto a la temática de los contenidos publicados. En mi favor o en mi descarga he de decir que nunca establecí un área de interés ni una línea argumental, ni prometí tratar unos u otros asuntos. Mi vocación, como ya comenté, es escribir sobre aquello que capte mi atención, lo que me inquiete, me impresione, me turbe o me enamore en cada momento; siempre que tenga una opinión o un comentario al respecto, aunque no lo tenga del todo claro, o mi opinión pueda ser discutible, controvertida o incluso refutada.

Y es que, hemos cumplido 10 años, y eso, qué caray, te hace pensar. Infonova, el proyecto en el que hemos puesto nuestras ilusiones, el proyecto en el que hemos volcado toda nuestra capacidad de trabajo, el proyecto en el que hemos depositado nuestras mejores esperanzas, ha cumplido 10 años.

Un proyecto que, durante muchos años (tal vez demasiados), ha sido nuestro sol; el centro alrededor del cual giraba toda nuestra vida (no sólo la profesional), un sol que nos ha dado luz y color, un sol gracias al cual han florecido el conocimiento e incluso la sabiduría, pero un sol, alrededor del cual hemos orbitado en círculos concéntricos cada vez más pequeños, que nos ha ido atrayendo cada vez con más fuerza, y que ha absorbido gran parte de nuestra energía.

Reflexionaba una amiga mía (y socia de Infonova): "Una parte muy importante de lo que somos viene determinado por lo que nos ha ido pasando, por las elecciones que hemos ido haciendo, quizas por eso a veces nos cuesta mirar atrás o al menos mirar atrás con cierta objetividad y espíritu crítico, porque de alguna forma eso supone también mirarnos a nosotros, a lo que somos..."

Buff. ¡¡Menudo espejo!!. Hemos de ser indulgentes con la imagen que nos devuelve el espejo del tiempo, de las decisiones, porque sin duda encontramos muchos defectos (errores, malas decisiones) en esa imagen; pero si nos fijamos más, veremos que también aparecen virtudes (aciertos). Todos ellos, aciertos y errores configuran un camino hacia lo que somos, hacia nuestros actuales defectos y virtudes, hacia nuestra identidad. Y ¿saben qué?, me gusta lo que veo en el espejo. Me gusta lo que ha hecho la vida conmigo y con mis compañeros de viaje. Ha sido dura, sí, pero nos ha forjado una personalidad, una identidad de la que me siento orgulloso.

Pero permítanme que deje a esta amiga continuar con su reflexión: "Cuando tomé la decisión de crear Infonova, era consciente de que eso suponía que, de alguna forma, el trabajo iba a ser "mi vida" (o al menos una parte fundamental de ésta), que por el camino iba a renunciar a cosas y personas a las que no podría dedicarme, por que mi tiempo, mis intereses, mi cabeza y mi corazón iban a estar centrados en otra cosa".

No he encontrado palabras para expresar mejor lo que ha significado y significa Infonova para nosotros. El reto Infonova nos ha atrapado y nos ha retenido durante años, pero no ha sido contra nuestra voluntad. Hemos sido muy felices durante el tiempo en que nuestra vida ha girado únicamente alrededor de Infonova, y aunque hayamos tenido que buscar más soles (otros amigos, familia, otras actividades), el sol Infonova continuará siendo el que proporciona energía a nuestro deseo de conocimiento, a nuestra necesidad de enfrentar retos, de resolver problemas. El sol Infonova siempre brillará en nuestro cielo.

Para terminar, les invito a visitar nuestra web, en concreto el área que hemos creado para el 10 aniversario. En este área, aunque hemos sido, somos, y seremos incapaces de separar sentimientos y emociones de un análisis racional, pueden encontrar un visión más institucional de lo que han sido estos 10 años.

Veanlo en http://www.infonova.es/aniversario