jueves, 29 de septiembre de 2016

momentos


lunes, 16 de mayo de 2011


Infonova: 13 años de momentos y algún momento de gloria


El tiempo pasa y no me quedan sino flashes de lo que fueron mis primeros 13 años de vida. Es curioso, la mayoría de los recuerdos se difuminan conforme se adentran, apacible pero inexorablemente, en la neblina del tiempo. Es curioso sí, que, sin embargo, algunos pocos mantengan intacto no sólo su brillo, sino también su resolución, su nitidez. Quizás la luz de la memoria alumbre aquellos recuerdos que mayor incidencia han tenido en nuestra vida posterior; o quizás simplemente sea como una luz estroboscópica que congela en forma aleatoria momentos intrascendentes de nuestra vida para que luego, nuestro cerebro, les dé un significado que inicialmente no tenían. No lo sé. Tiendo a pensar lo primero, pero … somos tan buenos engañándonos a nosotros mismos.


El tiempo pasará, y estos primeros 13 años de la vida de Infonova que ahora se mantienen relativamente intactos en nuestra memoria, también irán cayendo en el olvido. Momentos sobre los que ha caído el velo del tiempo, sucumbirán ante su paso y se hundirán en la oscuridad en un viaje sin retorno hacia el averno de los recuerdos. Pero no ocurrirá con todos. Algunos sobrevivirán al paso del tiempo permaneciendo frescos en nuestra memoria individual y colectiva.


Momentos que, permaneciendo en el recuerdo, se convierten en una parte trascendente de nuestro acervo vivencial y cultural, y que, por tanto, influyen sobre nuestra manera de pensar y de actuar.  Momentos que, al ser recordados, retornan desde el pasado al presente y, de algún modo, vuelven a ser vividos.
Para siempre formamos parte de ellos; y ellos, para siempre, formarán parte de nosotros.


Es una tendencia comprensible. Humana. Dar valor a la épica que hay en algunos de esos momentos y traerlos a la memoria resaltando sus aspectos heroicos. Comprensible, pero equivocado. La épica ha de ser vivida (e incluso sobrevivida), pero no revivida ni buscada. Es un error. Es más saludable traer al presente escenas de la actividad cotidiana y darles el valor que realmente tienen.


Momentos del día a día que han quedado en el recuerdo y que nos muestran como buenos profesionales; haciendo nuestro trabajo; ganándonos la vida ejerciendo una profesión con la que aún seguimos disfrutando.

Nosotros construyendo. Nosotros luchando contra la segunda ley de la termodinámica. 

Nosotros creando orden donde hasta ese momento imperaba el caos.


En los próximos 13 años intentaremos seguir haciendo nuestro trabajo. Sin heroísmos.


No buscamos la épica. No al menos sin su gloria. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Un día especial

Hoy es un día especial: Tras 15 años, 6 meses y 28 días, Infonova cesa en su actividad.
Podría deciros que nos han vencido los elementos. Que nos ha doblegado la crisis. Que no se pueden sacar peces de un mar muerto.
Podría hablaros de nuestros esfuerzos; de la profesionalidad que siempre ha regido nuestras actuaciones; de nuestra ilusión mantenida a lo largo de los años… y de que finalmente, pese a poner nuestro mejor empeño en salir adelante, y como tantos otros, hemos sucumbido a la adversidad.
Sería fácil creerlo. Sería fácil contarlo. Es un discurso que encaja con los tiempos… pero no con mi propio análisis. Así que me dejaré de cuentos.

Hoy es un día especial: Tras 15 años, 6 meses y 28 días, un nuevo panorama profesional se abre ante mí.
Podría dedicar estas líneas a dar las gracias a Infonova y a mis compañeros. Hablaros sobre todo lo que he aprendido y lo gratificante que ha sido la experiencia.
Podría deciros que éste es un paso adelante en mi carrera. Contaros que voy a formar parte de un proyecto nuevo e ilusionante, y hablaros del éxito que supone haber despertado el interés de una empresa que apunta a lo más alto.
Y sería justo y cierto contarlo así. Y lo haré. Pero no hoy. Porque hoy, mi corazón y mi alma se quieren expresar de otro modo.

Hoy es día de reflexión y antes de cerrar la puerta quiero mirar adentro y fotografiar todo lo que voy a dejar atrás.
Hoy es un día especial y antes de pasar página, me quiero despedir. No de vosotros. No de clientes y colaboradores, con los que espero seguir compartiendo proyectos y experiencias, y de los que espero seguir aprendiendo.
No de compañeros y amigos, con los que seguro que sigo compartiendo mesa, cine, pistas negras y algunas risas.
Hoy quiero despedirme de la propia Infonova. Que me ha enseñado a apreciar la épica de ser empresario y a darme cuenta de que ésta no está exenta de un sacrificio personal generalmente poco apreciado por la sociedad.


Infonova…
Que me retaba cada día para sacar lo mejor de mí mismo.
Infonova...
Que ha soportado mi ingenuidad.
Que ha sufrido mis equivocaciones.
Que me ha juzgado con severidad.
Que no me ha dejado dormir muchas noches.
Infonova. ..
Que me ha ayudado como nada ni nadie a conocerme a mí mismo. Que me ha dado perspectiva y me ha aportado una visión más completa del mundo.
Infonova…
Que me ha hecho enfrentarme a mis demonios... y me ha ayudado a vencerlos (o al menos a empatar con ellos).
Infonova…
Que ha sido el desafío más apasionante que he tenido que enfrentar. Que me ha guiado para que ahora sea una persona más madura. Más completa. Con menos miedo.

Es un día de despedidas y no puedo evitar tener un recuerdo para una amiga. Una compañera que se fue para siempre. Que nos fue arrebatada por el cáncer. Una amiga con la que tuve la oportunidad de trabajar durante 10 años y a la que tuve la suerte de querer. Un beso para ella allá donde esté. Un abrazo a su marido. Mi amigo.

Hoy he decidido echar una penúltima mirada atrás. Porque mirar atrás te permite hacer balance, aprender de los errores, comprender el mundo, entenderte a ti mismo. Porque mirar sólo adelante es de ingratos, de negligentes, de necios.
Hoy era mi día de mirar atrás. De echar una mirada través del túnel del tiempo. Un túnel tan largo como 15 años. Un túnel que nos permite mirar allá donde el tiempo y el olvido desfigura cada recuerdo. Donde la personalidad de hoy moldea lo que creemos que fuimos ayer.
Pero mirar sólo atrás es vivir encadenado por los recuerdos. Es vivir en un tiempo que no existe. Vivir en el pasado es, de hecho, no vivir. Hoy he mirado atrás, como me gusta hacerlo. Con mirada crítica sí, pero sin remordimientos. Sin mortificarme.

Aunque me siento muy orgulloso de lo que he conseguido en estos 15 años, se me ocurre que, si no han sido más, quizás sea porque ya tocaba abrir un nuevo capítulo... A veces es necesario que te empujen un poquito para salir de una cierta atonía. Para renovar ilusiones. Para abrirse a nuevas posibilidades. Para renacer. Desde ya miro hacia adelante. Un nuevo futuro se abre ante mí. No pienso desaprovecharlo.

Infonova se integra en Nunsys y yo me integro también en una nueva familia, en una nueva tribu. Me voy a Nunsys y me llevo allí todo lo que he aprendido aquí. No soy de medias tintas, no sé hacer las cosas a medias. Me voy a Nunsys y me llevo toda la ilusión que había puesto en Infonova multiplicada por 15. Me voy a Nunsys y me llevo a mi equipo al que tanto quiero y admiro y al que le debo una segunda oportunidad. Una nueva oportunidad de triunfar, de disfrutar con este trabajo que tanto nos gusta, y de mantenerlos ilusionados con lo que hacen. Me voy a Nunsys y me llevo todo lo aprendido y las ganas de aprender. Me voy a Nunsys y me voy a ser mejor. Me voy a Nunsys y me voy a ayudarlos a ser mejores. Aprender y enseñar. Mejorar y hacer mejorar. Existe un reto más bonito?

Jose R. Vilar Mir
ex Socio-director
Infonova Consultores

lunes, 18 de marzo de 2013

¡Salvación!

Quién no ha encontrado una causa es porque, como yo, no es de causas.  Y es que salvadores hay tantos que es imposible no toparse alguno impartiendo su doctrina, predicando su causa.  Aparecen de repente, cuando menos lo esperas.  ¿Que creías que ibas a pasar un buen rato hablando de los viejos tiempos mientras tomabas un café con un antiguo amigo? Pues no. Cuando llegas te encuentras a un ferviente creyente, recién convertido, misionero a tiempo completo, que no duda en amargarte el café mientras te revela la verdad a la que has permanecido ajeno todos estos años.

Pero quedándote en casa no estás a salvo.  No, desde hace unos años te los encuentras también a la vuelta de una entrada en el Facebook o a la salida de un post que utilizan como púlpito y desde donde ejercen su labor de evangelización así en la tierra como en el cielo... y por supuesto, de encender la tele ya ni hablamos.

Estos salvadores vienen en diversos formatos o categorías:

Los místicos:
Representantes en la tierra de diversas causas místicas: religiosas, por supuesto, pero también ideológicas (sí, los fieles a una ideología también experimentan éxtasis y revelaciones... algunos hasta levitan).

Los cansinos:
Representando a causas que, aunque tienen su reflejo en el mundo de las ideas por donde deambulan los religiosos o ideólogos puros, son más mundanas, más terrenales.  Causas tales como el cambio climático, o los derechos de los animales, o el feminismo, o los derechos de los fumadores, o los derechos de los ciclistas, o el "anti-abortismo" o el derecho a llevar un arma o lo que sea.

Los redentores:
Finalmente, a veces el salvador y la causa son uno, como cuando alguien se une a una persona y pone en ella su propia esencia, su ser; identificando su felicidad con la de esta persona.  Puede ser un hijo o un marido/mujer o simplemente el líder de la manada.

Según la perspectiva de cada uno, las causas pueden parecer loables o no, pero incluso con las buenas causas (con las que a uno le parecen buenas), hay que andarse con ojo.  Cuando uno se aferra a una causa y busca en ella una redención personal, o cuando la verdad de su causa le ciega a todo lo demás, está perdido como individuo, como ser racional.

Cuando alguien encuentra su causa, su salvación, ésta deja de ser un tema que se pueda debatir y se convierte en acto de fe, en dogma.  Es inevitable. Esa persona ha puesto cuerpo y alma en la causa y ¿qué hay más importante que el cuerpo y el alma de uno mismo? Nada se pone por delante de la causa, la causa no tiene peros, y por supuesto, por nada ser renuncia a una causa o se asume que es errónea.  Llegados a este punto, simplemente no es posible.  Si has empeñado tu alma en una causa, harás lo imposible por defenderla.

Como decía, no soy de causas.  Así que, sea tomando un café o a la vuelta de una entrada en el Facebook, si os habéis encontrado ...

Un héroe buscando una causa por la que combatir
Un caballero que eligió una cruzada en la que perder su alma
Un mártir que ha encontrado una razón para morir.

No era yo.  Y si lo fui, ya no. Nunca más.

No, yo no necesito un motivo para vivir...

Hace tiempo que renuncié a ser un héroe,
Nunca me he sentido un caballero
Jamás he querido ser un mártir.

No, ya no quiero cambiar el mundo...

Las causas degeneran y son corrompidas por el poder y el tiempo.
Las cruzadas son intrínsecamente fascistas
Las razones... cada uno tiene sus razones.

No, yo nunca he necesitado marchar al unísono.

Los héroes lo son sólo para un bando
Los caballeros se destruyen en su lucha contra el otro
Los mártires... mueren.

No, mi única causa es mi gente; son mis seres queridos.

Lo siento, hoy no salvaré al mundo.
El precio es demasiado alto.
Os tendréis que buscar otro tonto :P

martes, 26 de enero de 2010

Noche

La negrura de la noche es desgarrada por la titilante luz de la temerosa farola. Flashes que apenas rompen la oscuridad. Destellos que revelan apenas nada.
Sólo el viento sobre la lluvia como una viñeta de derviches dementes danzando sobre la negrura de la tinta de un dibujante.
Sólo viento. Sólo lluvia. Sólo noche.

Viento azotando las pertenencias del desdichado que yace en el suelo del callejón.
Sólo lluvia estrellándose contra las gabardinas de los que han venido a desentrañar sus secretos.
Noche escondiendo lo que en ningún corazón humano se puede esconder.
Miedo reflejándose en los rostros de los que habitan la noche y la conocen... y la temen.

Miedo. Excepto en el alma del intruso y los que lo acompañan.

¿Quiénes son esos que han venido? ¿Por qué no tienen miedo? La pregunta recorre la oscuridad con un estremecimiento colectivo. Una ola de rabia desbocada que genera un pánico irracional, un temor atávico que sacude el corazón de los hombres, pero que, curiosamente, no hace sino alentar el valor del intruso. Mientras la noche se estremece una sonrisa se dibuja en su rostro.

Sabe que está siendo observado. Su falta de temor suele provocar turbación, incomprensión y finalmente miedo en sus oponentes. Sabe también que en esta ocasión provoca rabia, odio. Sabe que lo ha encontrado. Un rival. Al fin tiene su Moriarty.

miércoles, 20 de enero de 2010

Así como somos

Eres de corazón.
Eres de corazón y de sol;
y de luz y de cielo,
y de azul; no, de blanco; de blanco y de mar.
Así te imagino.

Yo soy de cerebro y de luna;
de sombras e infierno.
Soy de naranja y de viento
de tierra y de invierno.
Así soy.

lunes, 19 de octubre de 2009

Uno más

Sabes reconocer la verdad... Cuando te la muestran.
Ves la luz... Si te dicen dónde está.
Tienes chispa, talento... Una vez cada 10 años.
Reconoces el genio... Pero desde luego no en ti.

... Ni yo en mí. Estoy tan lejos... y tan cerca...

Tan lejos de ser realmente bueno en algo.
Tan cerca de la mediocridad.
Tan lejos de ver realizados mis sueños.
Tan cerca de convertirme en uno más.


...Uno más en la media.

¿Qué me queda?

Superarme. Ese es el reto.
Ser mejor cada día. Ese el objetivo.
Ser yo. Por y para mí.

Quedo yo.

sábado, 4 de julio de 2009

Montaigne

De vez en cuando lees algo sobre alguien con el que inmediatamente te sientes identificado. Alguien que te hace renovar tu fe en la raza humana. Esta sensación es tanto más intensa cuanto más alejado está ese personaje de tu tiempo, de tu época. Es extraña la sensación que provoca encontrase con que hace 2.500 años los antiguos griegos ya tenían una visión del mundo individualista, escéptica, crítica, atónita.


No sé ni dónde ni cuándo me tropecé con Michel de Montaigne. Y tampoco sé porqué me impacto tanto. No he leído mucho y lo que he leído ni siquiera me parece estéticamente brillante, pero hay algo en sus escritos... algo que... no sé. Casi mejor que explicarlo prefiero poneros un texto suyo y que lo veáis por vosotros mismos. Michel de Montaigne:

Estamos completamente locos: "Se ha pasado la vida ocioso" decimos; "no he hecho nada hoy". ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Esa es no sólo la fundamental sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. "Si me hubieran colocado en posición de manejar asuntos importantes, habría demostrado lo que puedo hacer" ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Ya habéis manejado el asunto más importante de todos.
Para mostrarse y lucirse, la naturaleza no necesita para nada de la fortuna; se muestra en todos los niveles tanto delante como detrás del telón. Nuestro deber es componer nuestra conducta, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad en nuestro proceder. Nuestra mayor y más gloriosa obra de arte es vivir como nos corresponde. Todo lo demás, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho.
Es absoluta perfección y casi divino saber gozar lealmente del propio ser. Buscamos otras cualidades por no saber usar las nuestras y nos salimos de nosotros mismos por no saber estar dentro. Y en vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues hasta con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas. Y en el trono más elevado del mundo seguiremos estando sentados sobre nuestras posaderas.

Michel de Montaigne...un librepensador.

jueves, 25 de junio de 2009

Librepensador

No sé cómo me ha venido a la mente esta palabra. Una palabra que llevo sin oir desde que estaba en el instituto. Supongo que no está de moda. Ni la palabra ni el significado que encierra.


En realidad lo que no sé es porqué no me ha venido antes a la mente, con tanto como he defendido el escepticismo, la racionalidad, la individualidad y el espíritu crítico.


No sé cómo ni porqué, pero bienvenida sea. De nuevo.


Cuántas cosas serían mejores si una epidemia de librepensamiento recorriera la tierra asolando ideas preconcebidas, aniquilando dogmatismos, liberando a las neuronas de su confinamiento ideológico.

Lo curioso es que soy un pésimo librepensador. Yo también soy cautivo de mis prejuicios, prisionero de mis decisiones, esclavo de mis miedos... un digno representante de mis traumas.

Quizás el único cautiverio que no he sufrido sea el de los ideales. Siempre han sido mis ideas, no mis ideales las que han dirigido mi conducta. Eso no quiere decir que sea razón pura, que yo no tenga ética ni moral; ni que éstas no afecten a mi comportamiento. Pero no cabe duda, soy más de ideas que de ideologías.

sábado, 23 de mayo de 2009

Momentos

El alma humana está hecha de pedazos de tiempo.

Polvo de vivencias que forjará cómo somos.

Momentos que por algún motivo deciden aferrarse a nuestra vida.

Son los momentos que recordamos; los que nos atormentan, los que nos hacen sonreir, los que nos acompañarán por siempre... allá donde vayamos.

A veces los hacemos nuestros y perfilan nuestro carácter. En esos casos, no sólo nos acompañan, sino que nos muestran el camino, e incluso dan sentido a la vida.

Pero otras veces nos hacen suyos, de algún modo consiguen apoderarse de nuestra alma. y desde allí aniquilan nuestro ser. Algunos nos parasitan convirtiéndonos en seres débiles, frágiles, sin salud. Otros son vampiros que se alimentan de nuestro aliento vital, haciéndonos perder el ánimo. Otros son rabia pura que nos devora lentamente desde las entrañas. Otros enturbian nuestra visión del mundo y nublan nuestro juicio, anulando nuestra capacidad de raciocinio y haciéndonos impermeables a nuevas ideas. Algunos, únicamente (como si esto fuera poco) aniquilan nuestra capacidad de compasión y nos impiden conectar con los más débiles, con los que sufren. Otros, simplemente, nos obligan a olvidar.

No siempre estos idola son intrínsecamente abominables. En la mayoría de casos, una predisposición en nuestro carácter o un momento de debilidad los predispone en nuestra contra, y los hace más y más fuertes. Pero son esos mismos idola los que, bien integrados en nuestro carácter, nos harán más fuertes y quizás, incluso, mejores personas.

Momentos buenos y malos, momentos con los que hay que aprender a convivir. Son nuestros momentos. Es nuestra vida,... y no se puede desperdiciar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

No me juzguéis

No me juzguéis por vuestros pecados
No me condenéis por no ser como vosotros
No me castiguéis por no ser lo que esperabais.

No me juzguéis por cómo creéis que soy
No me condenéis porque no os gusta mi aspecto
No me castiguéis porque no me entendáis.

No me juzguéis por lo que no he dicho
No me condenéis por tener razón
No me castiguéis por estar equivocado.

No me juzguéis.

Y si lo hacéis...
Juzgadme por mis palabras y mis silencios.
Condenadme si no uso la razón
Castigadme si no soy fiel a mí mismo.
Hacedlo. Yo ya lo hago.

sábado, 18 de abril de 2009

Que sais-je?

Admiro y compadezco a la gente que cree que sabe; yo no sé si sé. Ni siquiera sé si sabría saber.

Resulta tranquilizador tener convicciones; estar seguro de las cosas importantes, sentir que se pisa terreno firme. Yo sólo tengo fe en mi propio juicio, en mi propia razón; sólo estoy convencido de que lo que entendemos por verdad está teñido de prejuicios; sólo siento que el suelo bajo mis pies se quiebra cada vez que intento construir una teoría o afianzar una verdad.

A la gente le gusta que le digan cómo son las cosas, que le den interpretaciones, que le expliquen la lección. A mí me gusta descubrír cómo son las cosas, encontrar la interpretación correcta (o al menos la menos mala), y poner en duda tanto opiniones como lecciones magistrales.

La sociedad, para cubrir esa demanda de verdad enlatada, crea expertos, tertulianos, generadores de opinión, gurús, predicadores, falsos ídolos (los de Bacon y los de la caja tonta) e incluso blogeros.

No en vano, la gente quiere saber si mañana va a llover o no, si la bolsa va a subir o a bajar, si el aceite es bueno o malo para el colesterol; la gente necesita que su gurú de cabecera salga en la tele para contarle la receta para salir de la crisis.

No importa que el hecho de que los factores que no controlamos para predecir el tiempo a más de un día vista se coman la certidumbre. No importa que, por definición, los sistemas complejos sean impredecibles. La gente quiere una predicción. La gente quiere seguridad, aunque ésta sea falsa.
Yo sobreviví a las arenas movedizas primero de la religión, y luego de la ciencia (Popper, Godel, Heisenberg) , aprendí a superar la desazón que supone darse cuenta que aquello en lo que crees, aquello que quieres creer, no está sustentado en argumentos o que éstos no son tan sólidos como solías creer, aprendí a a vivir en la incertidumbre, aprendí a aprecir la duda y convivir con ella.

Desde luego eso no me hace más feliz, tampoco me hace mejor persona, y ni siquiera creo que me haga estar más cerca de la verdad. Pero yo soy así: ecléctico, escéptico y crítico. Soy así, no lo puedo evitar.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cemento y agua

Ya he hablado en este blog sobre el modo en que las posturas se enconan y las diferencias (muchas veces pequeñas) y los prejuicios (sobre la "otra parte" y sobre el tema a tratar), pesan mucho más que los puntos de acuerdo (casi siempre, si se piensa friamente, mayoritarios). Claro, se ha de tener en cuenta que además de los prejuicios y los intereses, en estas cuestiones afectan otras fuerzas: Las políticas.

A los políticos les interesa que existan estos desencuentros, pero a los ciudadanos y a la sociedad..... uhmm... no estoy muy seguro. Para Marx la lucha entre opuestos hace avanzar el mundo, pero, si esto es así, a mí no me gusta cómo se plantea la discusión.

En cualquier caso, sea como sea, en esta entrada voy a aplicar mi teoría del consenso básico a la política hídrica. Sé que esto puede ser más complicado, porque parto de la base de que las personas somos básicamente egoístas y que nuestro lado emocional (influido por nuestras situación en el mundo y por nuestras experiencias pasadas) trasciende nuestro lado racional y bloquea el consenso. Aún así, voy a intentarlo.

Mis premisas son que los recursos han de ser compartidos y que el ecosistema original ha de ser respetado y en la medida de lo posible, preservado.

Aceptando esas dos ¿simples? premisas, mi modesto razonamiento llega a las siguientes conclusiones:

1) La conexión de las cuencas, los "canales" son básicamente positivos porque no afectan al ecosistema original significativamente y permiten compartir si hay necesidad.

2) Los transvases, los traspasos de un determinado caudal de una cuenca a otra, han de ser estudiados en cada caso en concreto e implican hacer un estudio tanto de las necesidades en destino como de las condiciones en origen (caudal ecológico, planes de desarrollo local, etc); y por supuesto, sobre el impacto de la ejecución del propio proyecto.

Claro, muy en relación con esto nos encontramos con el asunto inmobiliario, los intereses de unos pocos y los prejuicios de todos.

Por mi parte pienso que si los europeos quieren jugar al golf a media tarde cuando vuelven de tomar el sol en nuestras playas, es interesante que busquemos la manera de hacerlo, pero sólo si no impactamos significativamente en el medio ambiente.

Seguro que ya hay muchas zonas saturadas urbanísticamente, y desde luego todos conocemos parajes que deben preservarse inalterados, pero en otros muchos casos, quizás un proyecto urbanístico pueda encajar en el medio natural. Pero claro, si construimos sin considerar la disponibilidad de los recursos necesarios (agua, luz, escuelas, jardines, accesos, espacios deportivos,…), luego nos encontramos con la desagradable sorpresa de que la única manera de conseguirlos es exprimir más el medio ambiente.

¿Pero eso quiere decir que si los recursos no están allí no debemos llevar a cabo el proyecto? Y en el caso concreto del agua, ¿Quiere decir que no se puede traer el agua de una cuenca con excedentes? En mi opinión, siempre que consideremos el proyecto en su versión "extendida" (es decir, considerando no sólo el proyecto en sí mismo sino también los proyectos necesarios para hacer llegar allí los recursos necesarios) y que una parte de la riqueza que genere el proyecto (pongamos que consiste en contruir un campo de golf) repercuta en las poblaciones afectadas (por ejemplo en la cuenca cedente que podría cobrar el agua a precio de oro), el proyecto debe ponerse en consideración.

Y si nos ponemos a pensar en lugar de a pelearnos, quizás se pueda utilizar algún componente sintético en lugar de césped y nos ahorramos la tan codiciada agua (seguro que los amantes del golf dejan de leer en este punto, pero yo no veo porqué no, para mí el cesped artificial aplicado al fútbol ha sido un gran invento -sobre todo comparado con los patatales en los que jugábamos cuando jóvenes).

En definitiva, hay que conectar cuencas, hay que instalar estaciones desalinizadoras, hay que estudiar cada transvase y sobre todo, sobre todo, hay que ahorrar recursos. También hídricos. Resulta muy dudoso que el planeta pueda soportar nuestro desenfrenado ritmo de vida.

jueves, 12 de febrero de 2009

Mus

- ¡Mus! - dijo el mentalista.
- Pero si tú no sabes jugar al mus.
- ¿Y qué?, tampoco soy mentalista.
- Claro, y yo no soy la pantera rosa - dijo un bicho escuálido de color rosa.
- Vale, pues entonces Mus - dijo el mentalista.
- ¡¡Remus!! - dijo el bicho.
- Es un farol
- ¿Eso no es en el poker?
- Sea como sea, es un farol.
- Claro, claro, como el señor es mentalista....- dijo el bicho echando las cartas sobre la mesa. Y concluyó - Recuérdame que no vuelva a jugar al parchís contigo.
- No te preocupes, con la camisa de fuerza no te podría dar jaque.

viernes, 9 de enero de 2009

Cosmo y las trenzas

¿Qué me has hecho?.
No soy yo. Sé que eres tú, pero no soy yo.

Está en ti, en tus ojos.
Esa luz que brilla en ellos cuando me sonríes trae la primavera, trae el cielo... y el infierno.

Está en tu boca,
la pícara sonrisa que eres capaz de insinuar con ella me tiene cautivo.

Está en ti, en tu pelo.
Es tu manera de echártelo hacia atrás, hacia adelante, hacia los lados, detras de las orejas, de hacerte una coleta.... ¿Qué me has hecho?.

¡Vivo! por primera vez vivo. Vivo cuando te veo. Vivo si me hablas. Vivo. Vivo cuando te giras al pasar, y tu mirada me hace existir. Vivo por obra y gracia de una mirada, por mor de un roce furtivo. Vivo.

Y aunque sí, me has dado la vida, moriré. Sé que moriré. Moriré si me besas. Moriré si me ignoras. Moriré si me dejas.... Moriré si me lo pides. Moriré...

Moriré porque eres el sol y las estrellas, eres el cielo y la luna, eres amanecer y atardecer, eres principio y fin, eres hoy, eres tú, eres todo....y yo no soy nada.
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Ya no soy yo, he nacido y he muerto. Tú me diste aliento y tuyo ha sido el veneno que ha acabado conmigo. De algún modo, por ti he probado la fruta del árbol del bien y del mal y ya no soy yo...

No, no soy yo, para ti nunca fui yo... nunca seré yo, y sin embargo, lo sé, sé que sin duda eres tú...sé que siempre serás tú.

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Cosmo no sabe que esos sentimientos se pueden escribir... quizás hacerlo aliviara su alma. Mucho menos sabe que se pueden decir, que las palabras no están malditas, que el mal que aqueja su alma forma parte de un hechizo más viejo que el tiempo; que se pueden compartir con padres, con hermanos, con amigos; que incluso balbuceándolos ante la persona amada es improbable que un rayo le fulmine instantaneamente. Cosmo no lo sabe. No lo sabe y guarda sus sentimientos para sí mismo....los guarda para siempre. El miedo a ser rechazado, a ser fulminado por el rayo de la vergüenza, hace que Cosmo se quede sin saber si sus sentimientos son correspondidos. Ese miedo hará que nunca lo sepa...

Pero incluso los pusilánimes, los inexpertos o los cobardes tienen segunda oportunidad. Lo que Cosmo en este momento no puede siquiera imaginar es que aunque la recordará, no será ella. No para siempre....

sábado, 6 de diciembre de 2008

Rapsodia en azul I

Cosmo anda apresuradamente al lado de su madre. No le gusta andar, prefiere correr; pero andar apresuradamente en un día de compras es, sin duda, su idea del infierno.

Al menos, puede dejar que corra su mente, que vuele su imaginación: observando los rostros e imaginando las historias que los han forjado; captando fragmentos de conversación y dándoles continuidad en un diálogo imaginario; percibiendo olores que hacen visibles las miserias que los viandantes se esmeran por esconder, como la naftalina y el betún de los que, como él mismo, estrenan zapatos cuando ni siquiera el calzador puede obrar el milagro de encajar un pie del 37 en un zapato del 33. Sólo los tirones inmisericordes que su madre da en el pequeño brazo de Cosmo, al grito de "Va, redeu, que no tenim tot el dia" consiguen sacar al joven Cosmo de su ensimismamiento, de su mundo imaginario. Eso y el bocadillo de calamares; eso y la napolitana de crema del Corte Inglés... con piñones.


¡Cómo le aprietan los zapatos a Cosmo! y encima, el calcetín que no deja de menguar y que se arrebuja en los rincones más recónditos de su confinamiento; precisamente en las zonas más sensibles de la anatomía plantar de Cosmo . ¿Es el zapato el que se come el calcetín o el calcetín que se esconde en el zapato? Sin duda el voraz borceguí es capaz de devorar al escuálido calcetín (Cosmo ha llegado incluso a temer por su pié) pero piensa Cosmo que es incluso más probable que sea el propio calcetín el que avergonzado de su humilde condición, de su infortunada alcurnia, se esconda en el interior del zapato, o incluso que hastiado de toda una vida de servidumbre, decida poner fin a sus días lanzándose en las fauces del famélico calzado, ofreciéndose a saciar sus apetitos y acabando así con su prosaica y pedestre existencia.


En esos profundos pensamientos se encuentra Cosmo cuando unas trenzas rubias atraen su atención. No es que Cosmo se fije mucho en las chicas, pero esa es otra de las cosas que está a punto de cambiar...

miércoles, 15 de octubre de 2008

La noche de los muertos vivientes

La verdad es que si Montesquieu levantara la cabeza no terminaría de reconocer su herencia. Las desigualdades son flagrantes, la fraternidad brilla por su ausencia, y la libertad... ¡¡ay la libertad!!.

Aunque en muchas cosas hemos ido evidentemente a mejor, yo por mi parte no puedo evitar añorar aquella sensación de libertad que experimenté cuando niño. No voy a poner ejemplos ni de lo uno, ni de lo otro. Ejemplos de sobra circulan por la red sobre nuestra asilvestrada infancia y sobre las inconsciencias que, sin duda, cometíamos. Pero, ¡¡qué sensación de libertad!!

Es verdad, el mundo ha cambiado. En lugar de niños jugando a fútbol y de niñas jugando a la goma, las calles han sido tomadas por los coches. El mundo real ha sido reemplazado por uno virtual. Apenas hay actividades al aire libre. Acaso ni siquiera el aire sea libre.

No, no es nostalgia lo que siento, es una sensación de pérdida, de que las reglas, de algún modo, constriñen la libertad... y, como creo que decía Freud, provocan neurosis en la sociedad.

Entiendo que la mayor parte de las reglas son necesarias para facilitar la convivencia de la marea humana (sin duda, todas aquellas que protegen las libertades de los demás); pero entiendo también que muchas de ellas son fruto del miedo o de la conveniencia política. Ir sin casco, no llevar el cinturón, bañarse con bandera roja, ¿por qué no prohibimos subir al everest o hacer escalada libre? Es mucho más arriesgado. O mejor, ¿Por qué no sancionamos la obesidad? "Señor, señor, disculpe, pero el radar móvil del semáforo me indica que se ha saltado usted la limitación de 80 cm en cuanto a perímetro abdominal. La ley 17 de 2020 me faculta para realizarle un test de IMC. A ver, sople aquí........ Uhmm, me temo que voy a tener que sancionarle. Realmente es usted un inconsciente, su Indice de Masa Corporal está por encima de 25. Sufre serio peligro de sufrir un accidente coronario, diabetes y otras enfermedades metabólicas. Puff, madre mía, y su tensión está por las nubes. Me temo que voy a tener que retirarle su carné de hidratos de carbono por 3 meses. Ah, y le quito 4 puntos de su carné de lípidos". ¡¡Venga ya!!

Puede que el señor obeso se esté matando, pero, desde mi punto de vista, si es mayor de edad y está en su sano juicio, está en su derecho .

No llevar el cinturón o casco (a más de 20) es una inconsciencia, pero el estrés también mata y nadie te sanciona si estás estresado (de momento. Cualquier día el afán recaudatorio de la administración nos llevará a eso). Y esto me hace volver al principio. ¿no puede ser que tanta norma, que tanta regla para proteger nuestra integridad física, atente contra nuestra integridad y salud mental? ¿No puede ser que debamos experimentar de vez en cuando esa sensación de libertad a la que me refería antes? ¿No puede ser que necesitemos en algún momento el viento en la cara? ¿que sintamos la necesidad de subir la montaña aunque sea peligroso? ¿No puede ser que haya que hacer frente a los miedos? ¿No puede ser que haya que desafiar la muerte para sentirse vivo?.

Quizá este mundo de prohibiciones haga caer la noche sobre nuestra sociedad. Una noche oscura. Una noche sin vida de verdad. La noche de los muertos vivientes.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Una relación causal

Yo a nuestros dirigentes les recomendaría una relación causal. Sí, sí, causal. Quizás algunos hayan tenido relaciones casuales; la mayoría han tenido relaciones con consecuencias y con las consecuencias; pero mi recomendación es que deberían empezar a intimar con las causas. Las consecuencias son más importantes, pero las causas son más, mucho más interesantes.

Para poder actuar sobre las causas se necesita captar información y tener y utilizar cierta capacidad analítica. Actuar sobre las causas obliga a plantear situaciones, imaginar escenarios, descartar opciones; implica ser capaz de realizar predicciones, de asignar probabilidades, de extraer conclusiones... Actuar sobre las causas, en definitiva, exige aplicar capacidad de razonamiento, inteligencia, ... exige pensar; y eso es algo que nuestros dirigentes no tienen la costumbre de hacer.

Porque actuar sobre las causas, además de mucho más interesante, es mucho más arriesgado. Ellos prefieren actuar sobre seguro, dejarse llevar por las modas, no errar. En el mejor caso, tomar medidas superficiales, aplicar tratamientos conservadores, utilizar cirugías no intrusivas. En el peor, tomar medidas de cara a la galería, aplicar tratamientos de curandero, utilizar cirugías estériles e incluso realizar sangrías y trepanaciones públicas ante el aplauso y el clamor popular. Sin embargo, en los más de los casos, prefieren simplemente hacer oídos sordos, mirar hacia otro lado y esperar a que lleguen las consecuencias.

"Las consecuencias se pueden mitigar, pero las causas se pueden atajar". Mejor nos iría a todos si nuestros dirigentes se ocuparan en buscar este tipo de relaciones causales ... y si no saben o no quieren, al menos que establezcan relaciones casuales, que se dejen llevar, que se enamoren, que esbocen una sonrisa (pero no la de estreñimiento que tan impudicamente muestran ante las cámaras), que sean generosos con sus oponentes y que, en definitiva, nos dejen trabajar en paz a los demás y contribuir al bienestar (físico, mental y económico) de la sociedad.

martes, 23 de septiembre de 2008

Crisis liberal II

Pero, ¿cómo nos vamos a entender? Suponiendo que nos escuchamos uno a otros (sí, sí, ya sé que eso es mucho suponer). Y suponiendo que además de escucharnos, somos capaces de interpretar una frase en el sentido en que ésta ha sido manifestada (y no en el sentido en el que prejuzgamos las intenciones de su autor)... Cómo vamos a entendernos, decía, si ni siquiera compartimos el significado de las palabras...

Yo creía que era relativamente liberal. Lo creía, porque me siento bastante identificado con la definición que da la RAE del liberalismo (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=liberalismo). Lo creía porque me gustan los estados enjutos, magros, en forma. Lo pensaba porque, salvo excepciones, no creo en la empresa pública (es muy difícil, estar en forma, ser competitivo, sin tener que competir). Lo pensaba porque, básicamente, creo en el equilibrio desequilibrado (o en el desequilibrio equilibrado) de la oferta y la demanda. Lo pensaba, porque, aunque creo en un estado regulador, no creo en un estado intervencionista. ¿Soy liberal? Parece que sí, ¿no? Pues depende.

Al parecer, mi opinión de que el estado debe regular la actividad empresarial va contra la opinión de algunos sobre qué es ser liberal. Pero, ¿cuál es la alternativa? Del mismo modo que el comunismo fracasó como experimento, el liberalismo radical, entendido como "dejar a las empresa que jueguen su juego como quieran" me parece que va contra el bienestar de la sociedad (e incluso de la propia empresa).

No sé, como en las entradas de "El término medio", considero que esto debería ser fácil de compartir; y aunque sé que conforme tratemos de profundizar en qué reglas ha de marcar el estado, surgirán las discrepancias, creo que las diferencias están sobre todo en dónde nos queremos colocar a priori o con qué posición sentimos más "simpatías". En resumen, que primero fijamos nuestra posición y luego ajustamos nuestras ideas.

No soy ningún experto, pero muchos de los postulados de Keynes son hoy compartidos por gente que se considera liberal, y por supuesto, muchas de las ideas del capitalismo son hoy compartidas por los que se dicen socialistas (entiendo, quizás equivocadamente, que el conservadurismo no es una doctrina económica y que ahí podemos encontrar tanto intervencionistas como liberales. De ahí que no los incluya en esta reflexión).

Como resumen de mi opinión, pienso que las empresas no operan sino en el contexto de una sociedad humana que es la que marca las reglas del juego, la que impone unas restricciones; la que en base a unas creencias, unos valores, una historia, una cultura, dice cómo se juega el juego empresarial. En mi opinión, las empresas han de jugar el juego que la sociedad quiera que jueguen, pero el estado les ha de dejar jugar ese juego con libertad.

De esta opinión se deriva una consecuencia que considero cada vez más importante de atender, y es la necesidad de un gobierno mundial que imponga restricciones al modo en que operan las grandes multinacionales, que escapan a la regulación local apoyando sus operaciones en la deslocalización y en la desregulación local ... y global.

Los ejemplos del problema los podemos encontrar con facilidad en cuestiones sociales o medioambientales (para no extenderme, no entraré en ellos, pero creo que son de sobra conocidos). Todas estas cuestiones derivan, si nos centramos en la vertiente puramente económica, en una desvirtuación del juego del mercado, en el que las reglas son unas para los más y otras para las multinacionales.

Ahora bien, tampoco creo que una empresa pueda ser competitiva teniendo que atender tres cuentas de resultados como propugna la Responsabilidad Social Corporativa. La empresa debe tener una única cuenta de resultados: La económica; ahora bien, debe operar teniendo en consideración unas restricciones en materia social y medioambiental fijadas por la sociedad y sus representantes en el gobierno, y que no puede obviar (Más información sobre mi opinión en el punto 1 de la reflexión final de este artículo: http://www.infonova.es/boletin/200602noticia1.htm).

Pero, como suelo hacer, me he ido del tema. La actual crisis, ¿es una crisis del liberalismo o del intervencionismo?. En mi opinión, da igual cómo la clasifiquemos. Para mí, han fallado los mecanismos del estado. Las restricciones en las que operaban las empresas eran deficientes o escasas (¿o quizás excesivas?); los ajustes realizados por los estados (tipos de interés, impuestos, incentivos a la inversión, al ahorro o al consumo), desacertados; las medidas para detectar el fraude o evitar las prácticas "tóxicas", insuficientes. Utilizando una metáfora futbolística, me inclino a pensar que las reglas dictadas por la UEFA, que en otras ocasiones nos han llevado al cerocerismo, unido a la permisividad del árbitro, nos han llevado al juego violento... sobre todo en los partidos que se han jugado bajo las reglas de otras federaciones.

Pero volviendo al principio: ¿Alguien me puede explicar qué es ser liberal? Y ahora que lo pienso, si es difícil entender qué es un liberal hoy en día ¿Qué es ser socialista? ¿Tendrían nuestros padres (por no decir nuestros abuelos) la misma idea de lo que es ser socialista?
Estoy seguro de que, sin el papel unificador del groupthinking, sin un lider que imparta e imponga su doctrina, no habría dos liberales (ni dos socialistas) que, puestos a reflexionar por separado, dieran la misma respuesta a lo que es ser liberal o socialista... ¡¡Qué bueno sería eso!!.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Crisis liberal

Con motivo de la tan cacareada crisis (la verdad, estoy de los gallos radiofónicos hasta la cresta), se están poniendo en cuestión los modelos económicos imperantes... y ¡qué cacacaray!, me parece muy bien.
Pero ¿por qué esperar a estar en crisis para poner en crisis los modelos que seguimos? Estos modelos económicos que rigen el comportamiento del mercado, han de ser vigilados y corregidos si ha lugar.

Pero, en mi opinión, no es ahora cuando nos debemos de plantear nuevos modelos. Llevamos varios años hablando de la burbuja inmobiliaria. Y ¿qué han hecho los distintos gobiernos que han ido pasando por Moncloa? Nada. Na-da.

En el mejor caso, lanzar tímidos mensajes de aviso por un lado, mientras por el otro seguían concediendo licencias de obras e iban engrosando las arcas del estado. En el peor, actuar en connivencia con empresarios sin escrúpulos e ir engrosando las arcas, no del estado, sino las propias.

Por su parte, los empresarios (grandes y pequeños), como es lógico, han orientado su actividad a aquello que le resultaba más lucrativo.

Desde mi punto de vista, sólo hay un modo de entender una empresa y es como una máquina de hacer dinero. ¿Dónde había dinero? En la construcción. ¿Que ha de hacer la empresa? Construir.

Pero ahí es donde, desde mi punto de vista, puede/debe entrar el estado. El estado es quien fija las reglas de juego; y el estado es quien premia y castiga. Premia a los que van más allá del cumplimiento de la legislación (por ejemplo en materia social o medioambiental) y castiga a los que no respetan la normativa. Si la teoría inflacionaria (la de la inflación artificial de los precios de la vivienda, no "la otra") tenía visos de ser cierta, y si, siendo cierta, podía sumirnos en la crisis que estamos viviendo y que no sabemos en qué devendrá, ¿Por qué el gobierno no intervino?

Las empresas están en la obligación, para competir, de, respetando la legislación, tratar de obtener el máximo beneficio, y no les va a preocupar que eso lleve a una situación de desequilibrio y a tensiones en el mercado. El legislador está obligado a establecer un marco regulador que obligue a las empresas a seguir caminos que no pongan en peligro la estabilidad social. Y por supuesto, si alguien incumple ese marco, o peor, si es un chorizo o un corrupto, a sancionarlo con severidad.

Y claro, yo me despierto esta mañana con que el señor Almunia, a la sazón Comisario Europeo de asuntos económicos y monetarios, nos dice que la culpa de la crisis la tiene la avaricia, y continúa diciendo que "los malos de esta película son los que inventaron ciertos productos financieros que han resultado ser tóxicos"... y no lo entiendo. Pero señores, pues NO LES DEJEN. Promulguen leyes que impidan ciertos productos, determinadas actuaciones, algunas prácticas. En mi opinión la obligación del gobernante, no es sólo luchar contra el fraude, sino también contra ciertas prácticas que pueden envenenar el mercado.

Pero mis sorpresas esta mañana no han acabado ahí: El presidente de la CEOE, en una especie de "Mundo al revés" le pide al estado "más intervención" (¡¡El presidente de la CEOE!!). Mientras que, al tiempo, de fondo se escucha un coro de extras haciendo armonías con la ya consabida fórmula de "Hay que bajar los impuestos de las empresas".

A ver: Vale que todos pueden cambiar de opinión, vale que sólo piden una intervención "puntual", vale que, aunque es mucho morro llamar a tus padres sólo cuando necesitas que te saquen de algún apuro, al fin y al cabo son tus padres y también están para eso; pero la verdad, siento que me he despertado en el país al otro lado del espejo.
Y de fondo el coro aprovechando para pregonar su cancioncilla ##"Bajar impuestos"$"Bajar impuestos" ##... Y yo me pregunto, ¿Acaso la bajada de impuestos hubiera salvado a Martinsa-Fadesa? Si no hay beneficios no hay impuestos, ¿no?

Creo que yo soy un empresario (a veces, comparándome con otros que se llaman empresarios, no estoy seguro) y la verdad, cuantos más impuestos tenga que pagar mi empresa, mejor. Entiéndanme, ni estoy tonto ni les estoy contando milongas, ya intentaré que Infonova, dentro de la legalidad, pague los menos impuestos posibles, pero esto es como cumplir años, que la alternativa es mucho peor. Ahora bien, una cosa es cumplir años y otra parecer mayor; y así es como yo lo veo, la alternativa a pagar impuestos es tener pérdidas, pero por supuesto ya intentaré yo pagar los menos posibles.

En realidad, aunque algunos lo hayan pensado, no estoy haciendo demagogia, sé que es más complicado que todo eso. Obviamente, si los beneficios de las empresas están menos gravados, atraerán más capital y las empresas tendrán una mejor financiación. Pero, para la mayor parte de las empresas españolas, que son pymes (sobre todo S.L's), eso no es "tan así".
En la raíz del porqué no es "tan así" está el hecho de que la realidad de la gran empresa es muy diferente a la realidad de la pyme, aunque desgraciadamente la "sociedad civil" (estudiantes, funcionarios, algunos empleados de grandes empresas, trabajadores privilegiados -futbolistas, artistas, actores, algunos médicos,...-, remanentes de la lucha de clases, ...), ajena a las batallas que las empresas libramos día a día por nuestra supervivencia, no hace distingos, asumiendo que los problemas y los beneficios de las grandes empresas (que son los que llegan a los medios de comunicación) son los mismos que los de las pymes... y no, yo les aseguro que no.

En mi opinión, lo que ahora puede hacer el gobierno es generar confianza con medidas razonables y de calado (nada de medidas estéticas o de cara a la galería) y tratar de que los problemas que podemos tener las pymes en este momento para acceder a la financiación sean los mínimos.

Pero ya es tiempo de que retome mi pregunta inicial ¿Por qué no se ha intervenido antes? (cuando se podía prevenir, cuando era más barato, cuando servía de algo...). ¿En mi opinión? Porque actuando cuando el problema no ha aflorado a la superficie no se ganan elecciones. Pero a lo mejor me he vuelto muy cínico (en el sentido de estar de vuelta de todo, ¿eh?)

miércoles, 6 de agosto de 2008

El tiempo pasa (El tiempo pesa II)

El tiempo pasa...

Es el paso de los acontecimientos que jalonan nuestra vida. Es un día de trabajo, una tarde en el cine, unas cervezas con los amigos, un pequeño corte al afeitarse, un traspiés en la escalera, una mirada cómplice al despertar, pasear al perro, el atasco de entrada a Valencia, la canción del verano, colgar un cuadro, bajar la basura, tu cumpleaños, una cita…

El tiempo tiene sabor y olor.
Es el sabor de la victoria y el reencuentro; es el olor de la tierra mojada en una tarde lluviosa, es el olor a café recién hecho...

El tiempo suena.
Es el sonido del batear del mar contra la orilla, es el rítmico palpitar del corazón de tu hijo recién nacido...

El tiempo tiene color.
Es el verde de la esperanza, el amarillo de la amistad, el rojo del deseo, el carmesí del amor. Es el lavanda de las sábanas limpias, es el albaricoque de una piel suave, es el magenta de unos labios carnosos, es el anaranjado de un amanecer, es el ocre del otoño, el azul del mar, el púrpura del vino, ... es el blanco de la vida.

(El perdón es importante... la compasión nos hace humanos....
Caridad, misericordia y compasión… Empatía…ingenuidad. Todo un equipaje que llevamos de serie y que no podemos dejar que el paso del tiempo eche a perder. Una persona que ve pasar el tiempo, que lo percibe con todos sus sentidos, que disfruta y saborea lo bueno, y que vive y supera lo malo, una persona que no se construye una coraza es una persona… los demás, los que sienten el peso del tiempo, dejan de ser personas).